MADRID: FINDE DE HERMANAS Y MUSICAL DE “ANASTASIA”

¡Buenos días!

Hace tiempo de este acontecimiento pero, por mi pasado cumpleaños, la guapísima de mi hermana tuvo el detallazo de regalarme un fin de semana por la capital española en la que disfrutaríamos (entre otras cosas) del precioso musical de “Anastasia”. Como hace poco que lo estrenaron, creo que puede resultar interesante que os cuente qué hicimos y mi más sincera opinión acerca de esta obra así que¡Allá voy!

¿Comenzamos?

Para la ida hubo una serie de imprevistos así que nos vimos obligadas a utilizar BlaBlaCar. Mi hermana es más asidua a utilizar este “mecanismo” de transporte, para mí era la primera vez. Resultó ser más que satisfactorio ya que nos tocó con unas chicas majísimas, por lo que el trayecto se hizo más corto de lo esperado 😉.

Llegamos a Madrid sobre las 13:00h pero tuvimos que coger un taxi hasta nuestro alojamiento porque el lugar donde nos dejaron nos pillaba a casi una hora andando. Lo malo fue que escogimos el peor finde para ir: Black Friday así que os podéis imaginar cómo estaban las calles… ¡Inundadas de gente! Además, según nos explicó el taxista, la calle principal de Gran Vía había sido estrechada por lo que el tráfico era aún más apabullante.

Una vez atravesada la selva urbana, llegamos a nuestro destino: Hostal Abel Victoriano. Teniendo en cuenta las fechas, que era fin de semana y la ubicación, nos podíamos dar con un canto en los dientes. Situado muy cerca del centro, a dos pasos de la calle donde se encuentran todos los teatros con sus respectivos musicales, muy cómodo para desplazarnos.

Eso sí, no era el lugar más bonito del mundo (cosa que no me importa, pero hay que contar la realidad). Se trataba de un piso transformado en hostal con su recepción y sus habitaciones pertinentes. La nuestra, era la que estaba más cerca de la puerta de salida.

No muy grande pero con el espacio suficiente para lo que la teníamos destinada: dormir. La cama estaba bien, aunque las sábanas no eran las más limpias del mundo. Estaba decorada con dos toallas en forma de cisnes, lo cual me pareció chachi hasta que las abrí y descubrí que tampoco es que estuvieran impolutas. Son las típicas manchas que, aunque las laves, no salen del todo pero ahí estaban.

El baño era pequeñísimo, otra cosa a la que no le dí importancia hasta que lo utilicé para necesidades básicas como lavarme la cara (súper incómodo). Consigues tu objetivo, pero lo dejas todo hecho un desastre por falta de espacio.

Aún así lo dicho, para una noche y teniendo en cuenta la ubicación, nos sobraba y nos bastaba por lo que pasé esos pequeños detalles por alto (echándome unas risas previamente, claro está). Lo importante era que estaba con mi hermana y nos lo íbamos a pasar genial.

Con la tontería de entrar en la habitación y dejar el equipaje, se nos hizo las 13:30 así que era la hora de salir en busca de algún sitio que nos diera de comer. Teníamos la idea de un lugar en concreto, pero fue imposible ya que no nos daban mesa hasta bien tarde y nosotras estábamos desmayadas.

Al final por horas y ubicación, acabamos en Oribu GastroBar (pincha aquí). Había oído hablar de él porque la preciosa de Claudia (@claucienfuegos) lo recomendaba en sus “destacados” de restaurantes en los que vale la pena invertir. ¡Y vaya si tenía razón!

Eso sí, salir por Madrid un sábado a comer sin saber exactamente dónde y sin menú diario es caro, nos salió por 50,90€ con la bebida incluida. Pero bueno, un día es un día y estábamos en modo celebración así que… ¡A disfrutar!

Se trata de un restaurante en el que combinan la cocina tradicional asiática con técnicas e ingredientes occidentales, dando lugar a platos modernos y muy ricos. ¡Todo un placer para los sentidos!

Es muy amplio, con una decoración elegante, bonita y de ambiente acogedor. El camarero que nos atendió fue majísimo, amable y nos recomendó alguno de los platos que veréis a continuación.

Escogimos tres para compartir, aunque creo que no estuvimos muy finas en ese sentido. Estaba todo buenísimo, todo hay que decirlo, pero no meditamos bien las elecciones (y eso que estuvimos un buen rato…).

El primero se denominaba: Arroz-Wok Bi Bim Bap con Huevo a 60ºC, Pato Crujiente y Salsa Brava Koreana. Ésta última nos la pusieron a parte porque, aunque me gusta un toque picante, no quería abrasarme la boca. ¡Estaba delicioso!

El segundo: Huevo roto “Tierra y Mar” de Sashimi de Atún rojo marinado, nieve de Foie, Trufa Caviar y Patatas Salardaise. Fue el que menos me gustó de todos. Estaba bueno pero, si volviera, no repetiría esta elección (ya sabéis mi relación con el pescado crudo). Además, la cantidad de foie era casi inapreciable y las patatas no me parecieron nada del otro mundo.

Por último: Chipirones al wok, Mantequilla de Ajetes, y sus patas en tempura con Tokyo Rice. ¡La joya de la corona! Fue el que más nos gustó y, a pesar de que lo pusieron en platos distintos, nosotras lo transformamos a nuestro gusto 😉 . ¡Impresionante!

Como intuiréis, acabamos repletas a más no poder. He de decir que estos tres platos poseen unas cantidades más que generosas y, teniendo en cuenta que la base se componía de arroz y patatas, la hinchazón estaba asegurada.

Por este motivo, decidimos que descansar no era una opción y nos fuimos a pasear por Gran Vía (y de paso, comprarme la parte de arriba de un pijama porque a la menda se le olvidó incluir uno en su equipaje).

También nos dejamos caer por la Puerta del Sol donde la decoración navideña estaba ya en su máximo esplendor y a las 18:00h de aquella tarde se encendían todas las luces.

Después de deambular durante un rato más, decidimos volver a la habitación y ponernos en horizontal antes de arreglarnos y prepararnos para nuestro objetivo.

La función comenzaba a las 22:00h en el Teatro Coliseum por lo que estuvimos un poco antes para entrar con tranquilidad. Ambas muy emocionadas y contentas, yo sobretodo ya que las canciones de la película de dibujos siempre me han gustado muchísimo.

Una vez sentadas en nuestras butacas, solo quedó esperar y disfrutar de lo lindo.

Decir que la representación no es fiel a la película para niños ya que se basa más bien en la leyenda que afirma que la gran duquesa Anastasia, hija pequeña del zar Nicolás II de Rusia, escapó al asesinato de toda su familia por parte de los bolcheviques durante la Revolución Rusa.

A partir de ahí, se relata toda la historia de una forma similar a la de la película pero para nada parecida. He de admitir que me habría gustado encontrar más detalles y menos cambios que hubieran hecho que la función se asemejara más al relato que yo tengo en mi cabeza, mas reconozco que aún así me mantuvo enganchada.

Look escogido para la ocasión 😉 .

Fue como ver una versión más adulta y fiel a la realidad de lo que pudo haber sucedido por lo que no está nada mal en ese sentido. En cuanto a las canciones, cambian tanto la letra como el orden e, incluso, añaden muchas nuevas. Todos los actores tienen una voz de locura, alucinante que te ponen la piel de gallina.

La puesta en escena es impresionante, tanto por los decorados como por el vestuario en general. En esto último tampoco son demasiado fieles, pero sí que hay parecidos razonables y, la verdad, es que son todos absolutamente preciosos.

En definitiva, ¿recomendaría ir a ver este musical? La respuesta es un rotundo. Las palabras con las que lo describiría es “muy bonito” por lo que lo disfrutaréis muchísimo a todos los niveles. ¡Muy recomendado!

Una vez finalizado el espectáculo, nos dirigimos al hostal a recargar baterías.

A la mañana siguiente nos levantamos con toda la calma del mundo, recogimos y dejamos todo preparado para salir a desayunar. No obstante, mi hermana había oído hablar de un sitio donde hacen unos donuts veganos que se ve que son magia en el paladar así que, como nos pillaba cerca del alojamiento, fuimos a por ellos.

El sitio se llama Delish Vegan Doughnuts (@delishvegandoughnuts) y es un auténtica pasada. Pequeñito pero con mucho encanto, con un mostrador cuya vitrina está repleta de sus creaciones. Podéis encontrar elaboraciones de todo tipo, a cada cual más apetitosa.

No fui lo bastante lista como para hacerle una foto a la pizarra donde ponen todas las opciones que tienen, las cuales van cambiando según la época del año pero me llevé una caja de cuatro unidades las cuales creo recordar que fueron: Chocolate y Avellanas, Brunch Doughnut, Plátano con cobertura de crema de Cacahuete y Pumpkin Spiced Latte.

¡Espectaculares! De verdad madrileños, a día de hoy tengo una envidia máxima de que tengáis este sitio en vuestras calles. Tengo claro que si alguna vez vuelvo, les haré una visita para llevarme como souvenir estas delicias de nuevo. No he probado manjares tan ricos como estos.

Una vez con nuestros dulces tesoros en nuestro poder, decidí llevar a mi hermana a almorzar al Ojalá (lugar que me gustó tanto la última vez que estuve por allí (pincha aquí)).

Cuando llegamos estaba abarrotado pero conseguimos, por casualidades del destino, una mesa. En esta ocasión, me decidí por probar uno de sus brunch. Tenían varias opciones y me costó elegir pero al final me decanté por el denominado “Oslo” compuesto de: Pan de centeno Eco, Salmón ahumado, Huevo revuelto, Ricotta con Tapenade y Yogur con muesli.

Su precio es de 14€ y me trajeron lo que estáis viendo… ¿Hola? Creo que por ese precio ya podrían haber perdido el tiempo en montar ellos la tostada y hacerla mucho más atrayente y apetecible. Desde luego, el adjetivo correcto para lo que me sirvieron fue: basto. Las lonchas de salmón eran gordas y ese trozo de limón no me inspiró mucha confianza, el revuelto estaba poco hecho (cosa que me da mucho asco) y el tapenade de olivas era un pequeño manchurrón en el queso. Lo único que merecía la pena era el yogur…

Me quedé muy despagada. Estuve dotoreando las mesas de mi alrededor para ver si había tenido mala suerte y escogí el más horrendo pero no… el resto también los traían del mismo modo: basto y sin ningún tipo de mimo. En resumen: pedir a la carta, los brunch formados no valen lo que piden y os ahorraréis tanto la pasta como la decepción.

Una vez terminamos, subimos al hostal, recogimos las maletas y nos fuimos en taxi a la estación de Atocha donde la vuelta a la rutina nos esperaba con los brazos abiertos. Nosotras no tuvimos más remedio que devolverle el gesto.

Y hasta aquí puedo hablar. Espero que os haya gustado y resultado entretenido. La verdad es que nos lo pasamos fenomenal, adoro pasar tiempo con mi hermana. Es una persona que me hace reír tanto como puede llegar a desesperarme. A día de hoy no sé que haría sin ella y sé que me estará leyendo así que lo escribo a los cuatro vientos: ¡Te quiero Isi!

Muchísimas gracias a mis lectores por dedicarme unos minutos de vuestro tiempo. Si tenéis alguna duda acerca del musical o de los sitios a los que hemos ido a llenar el buche, sólo tenéis que dejármelo escrito en los comentarios y os contestaré cuanto antes 🙂 .

¡Feliz fin de semana!

¡Besitos!

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