MADRID: TURISMO GASTRONÓMICO Y MUSICAL “EL REY LEÓN”

¡Buenos días!

Este año no hemos programado ningún tipo de viaje per sé. Las circunstancias mandaban y desconocíamos si este año dispondríamos de vacaciones que coincidieran en las mismas fechas.

Por casualidades de destino, al final tuvimos suerte y aparecieron dos semanas que no esperábamos mas era demasiado tarde para encontrar alguna ganga que se adaptara a nuestro presupuesto. No obstante, mi chico tuvo una idea impresionante: ¿por qué no vamos a Madrid a ver el musical de El Rey León? Mi respuesta fue inmediata: ¡Sí, quiero! ♥♥♥

¿Te lo cuento?

Solamente pasamos un día en la capital pero… ¡Qué intenso! Decidimos ir entre semana y en coche, de esta manera nos saldría todo muchísimo más barato. Salimos un martes a las 8:15 de la mañana y llegamos al hotel sobre las 12:30 haciendo una parada entre medias para estirar un poco las piernas.

HOTEL LEONARDO CITY CENTER

Siempre solemos buscar alojamiento a través de Booking ya que esta plataforma te permite reservar sin pagar al instante (nunca se sabe qué puede pasar). No es que fuera precisamente barato pero buscando con solo un mes de antelación ya nos podíamos dar con un canto en los dientes.

El Leonardo City Center se trata de un hotel de tres estrellas, situado en la Calle de Alberto Aguilera, nº18 (justo a 15-20 minutos del centro andando). Tiene una recepción muy bonita, con butacas y sillones llamativos. Enseguida nos asignaron habitación, su precio fue 69€ la noche.

La decoración es muy chula pero de tamaño y espacio minúscula. Nos pusieron dos camas individuales a pesar de que especifiqué en la reserva que queríamos una grande, sin embargo, resultaron ser la mar de cómodas.

Independientemente de eso, ¿veis el espacio que hay entre la pared donde está situada la tele y éstas? Casi que tenía que llegar a mi mesita saltando encima de ellas.

El aseo tampoco es que fuera muy grande pero tenía una bañera muy espaciosa. Lo que no nos gustó es que el vidé no tenía filtro por lo que cada vez que lo utilizabas subía un aroma a desagüe que mataba…

Otro contratiempo fue que, cuando quisimos enchufar la tele, nos percatamos de que no disponíamos del mando. No pasa nada, ¿para qué tenemos piernas? Pues allá que me fuí a recepción a pedirlo. Fueron rápidos, eficaces y muy amables.

Nuestras vistas desde la ventana.

Siempre nos pasan cosas y encontramos detalles que no son los más idílicos del mundo. Mi chico y yo estamos más que resignados, eso sí, luego nos pasamos la estancia de risas y los días posteriores también. ¡Se nota, se siente, el humor está presente!

En cuanto al coche, el hotel tiene parking pero no lo utilizamos. Alquilamos una plaza de aparcamiento durante 24h en un garaje externo, lo cual nos salió por 19,20€.

INCLÁN BRUTAL BAR

Una vez descansamos un ratito, el hambre hizo su aparición por lo que tuvimos que seguir nuestros instintos e ir a hincar el diente. Nos decantamos por este restaurante gracias a las recomendaciones otorgadas por la preciosa Claudia (más conocida como @claucienfuegos). Tiene un apartado en “historias destacadas” en las que muestra una serie de lugares bien chulos donde comer y cenar en Madrid.

Estuve indagando y atenta a todo lo que subía. Fue ver este sitio y no tuve más dudas al respecto. ¡Decisión tomada! Si no la seguís, os la aconsejo encarecidamente: su personalidad, su forma de expresarse y sus looks de maquillaje son característicos y muy originales. 

En cuanto al restaurante, nada más ver la entrada me enamoró. Imagino que lo sabréis pero el lugar se inspira en el famoso dramaturgo, poeta y novelista Valle-Inclán, de ahí la decoración tan molona que posee: hojas de libros posadas en las lámparas (haciéndolas aún más especiales), azulejos blancos y cañizo, mesas de madera bien colocadas, la carta súper original repartiendo sus platos en distintas escenas…

Se mezcla pasado y presente, tradición y modernismo. ¡Me gusta mucho! Además, también poseen terraza.

Decidimos comer de menú aunque como bar de tapas no tiene parangón (seguro que si nos volvemos a dejar caer por la capital, volveremos a comprobarlo). Incluye entrante, plato principal, pan, bebida, postre o café. El precio de todo aquello es de 12,90€ y me pareció más que razonable teniendo en cuenta la calidad de las elaboraciones que os voy a mostrar en breves.

En primer lugar, mi chico escogió: Gazpacho de Remolacha con Tartar de Frutas. Súper fresquito, muy rico, sabroso y daba gusto verlo (y saborearlo). ¡Le duró un suspiro!

En cuanto a mí, me tiré a la piscina con el Risotto de Verduras. ¡Madre mía y de mi corazón! ¡Exquisito! Me encantó la presentación: un caldero de hierro en cuyo interior descansaba plácidamente ese manjar.

El punto del arroz perfecto, la textura clavada y la combinación de verduras era maravillosa (quiero apuntarme los ingredientes que recuerdo para reproducirlo en casa). ¡Impresionante!

Llegamos al principal. Ya os digo que mi elección estaba de muerte pero tendría que haberme decantado por lo que mi chico pidió (enseguida sabréis por qué).

La culpable de este dilema gastronómico es la llama Hamburguesa en plato con Queso de Cabra y Frutos del Bosque con Patatas Gajo. ¿Habéis visto la pinta que tiene? Jugosa y hecha por dentro, el queso fundido, el toque de los frutos rojos, las patatas junto con una salsa que no sé qué era pero que estaba buenísima. Menos mal que mi chico, aunque a regañadientes, me dio un par de pedazos para que rozase el cielo. ¡BRUTAL!

Ahora, después de este platazo, el mío se queda corto pero también estaba delicioso: Caballa a la plancha con cama de Repollo a la crema. El pescado muy rico, fino, todo muy bien aliñado, crujientes de boniato por encima y la col junto con la crema estaba espectacular. ¡De diez!

Por último, el postre (que lo pedimos para compartir ya que mi chico siempre toma café y yo no, así que lo hicimos para no salirnos de nuestro presupuesto): Tierra de Brownie con Helado de Vainilla. Fue lo que menos nos gustó de todo el menú. No estaba malo ni mucho menos, pero al ir desmigado lo encontramos algo seco y pasó por nuestros paladares sin pena ni gloria.

Aún así, el balance de este restaurante es muy positivo, tanto por la comida, el ambiente y los trabajadores que fueron siempre majísimos con nosotros. Os lo recomiendo con total seguridad. Para más información e imágenes, os dejo su página web pinchando aquí.

Una vez terminamos, nos dirigimos al hotel a reposar y descansar antes de la gran función.

TEATRO LOPE DE VEGA: MUSICAL “EL REY LEÓN”

La sesión comenzaba a las 20:30h por lo que a las 18:00 yo ya estaba adecentándome. Nos citaban una hora antes de que comenzara el espectáculo así que, como nos sobraba tiempo, fuimos a tomar un refrigerio. Decir que dura unas dos horas y media con descanso incluido por lo que si tenéis pensado ir a cenar posteriormente… ¡Reservad!

Mi outfit para la ocasión.

En cuanto al precio de las entradas, varían según la ubicación de los asientos. A nosotros nos salió con el seguro de cancelación incluido (las compramos con un mes de antelación y nunca hay nada seguro en esta vida) por unos 127€ en total (la pareja).

Mi look.

A medida que se acercaba el momento, mis nervios afloraban, estaba muy pero que muy feliz de vivir esa experiencia. Soy una fan muy friki del mundo Disney y “El Rey León” es una de mis pelis favoritas por lo que verla representada tan infinitamente bien fue un sueño hecho realidad.

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Cuando llegamos al teatro me pareció muy bonito, señorial repleto de souvenirs de la obra protagonista (¿cómo no?).

Estaba inundado de gente y había una cola inmensa para hacerse la foto en el típico fondo que todos conocemos. Aún así, iba deprisa 😉 .

Nosotros estábamos situados en el segundo anfiteatro, por la parte del final. A pesar de ello, al tratarse de una sala pequeña, la representación se veía la mar de bien.

Hablemos claro: es un musical por lo que sabía que los diálogos o las canciones no iban a ser exactamente igual que la película original. Lo que sí me impresionó es la cantidad de detalles que supieron reproducir, era como estar viéndola de nuevo pero sobre un escenario.

Tan emocionada estaba que al escuchar las primeras notas de “El ciclo de la vida” las lágrimas brotaban descontroladas de mis ojos. No os hacéis una idea de lo afortunada que me sentí de poder estar sentada en esa butaca. ¡Lo disfruté como una enana! Los actores cantaban que te morías y caracterizaron muy pero que muy bien a cada uno de los personajes. Los escenarios estaban perfectamente conseguidos y la música… ¡La piel de gallina de forma perpetua!

Eso sí, como buena friki de Disney que se precie, vi pequeños “errores” (bajo mi punto de vista y criterio). Por ejemplo, introdujeron una canción que sale en la segunda peli (no en ésta) y se inventaron una escena (no voy a decir cuál porque no quiero hacer spoilers). Imagino que hicieron ambas cosas para cantar más y que se hilara la historia sin parecer un “postizo”.

Quitando esas minucias, el resto del musical es una maravilla. Lo recomiendo sin ninguna duda a todo el mundo, aunque quienes más lo apreciarán y disfrutarán son las personas que hayan crecido con esta preciosa película y les guste tanto como a mí.

LA PESCADERÍA

Salimos del teatro a las 23:20 por lo que fui previsora y reservé la cena antes incluso de plantarnos en la capital (no quise que me pillara el toro). Este sitio fue recomendado por dos personas: la preciosa de Alba (@wonderwall_makeup, personita chachi a la que os recomiendo que sigáis) y Claudia (mencionada anteriormente). ¡Qué bien hicimos en hacerles caso!

Situado a diez minutos de nuestra ubicación por lo que llegamos puntuales a nuestra cita. Era de noche y nos sentaron en su terraza, en consecuencia, os pido disculpas por la calidad de las fotos ya que la luz no estaba de mi parte. La decoración es muy chula, tipo taberna pero modernizada, con clase.

Además, poseen un patio interior la mar de íntimo y acogedor. Los camareros fueron rápidos, amables y muy simpáticos. ¡Un punto a su favor!

Cenamos de tapas así que no me enrollo más y al lío. Las primeras en venir fueron las Croquetas de Jamón y de Cabrales con Nueces. ¡Muy ricas! Pedimos que nos las combinaran y así probar ambos sabores. Las primeras estaban deliciosas y jugosas aunque el gusto a jamón no lo notamos demasiado. En cambio las segundas… ¡Exquisitas!

A continuación, llegaron los Tacos de Rabo de Toro. Sin duda fue la elección que más me gustó (¿adivináis quién lo pidió?). Súper buenos, bien rellenos, con su toque picantón. ¡Una verdadera explosión de sabores en el paladar!

Lo siguiente en aparecer fueron los Buñuelos de Bacalao con Salsa de Piquillo. No se convirtió en mi tapa preferida pero estaban bastante bien. El bacalao estaba muy bien integrado aunque se me hicieron algo pesados, en cambio, a mi hombre le encantaron. Ponen bastante cantidad, lo cual es una característica a tener en cuenta.

Por último, la Milhoja de Ventresca con Pimientos Asados y Aguacate. ¡Espectacular! La sirven a temperatura ambiente, es decir, lista para hincarle el diente. Repleta de sabores que combinaban perfectamente entre si, grandota y deliciosa. ¡Nos gustó muchísimo!

Para rematar la noche, pedimos una copichuela. Mi bombón fue a lo seguro, yo también quería pero no tenían de la ginebra que me mola por lo que decidí experimentar y la jugada no fue demasiado buena… No estaba horrible ya que era dulce pero no me convenció.

La velada salió por unos 57€ pero oye un día es un día, cenamos como reyes y eran nuestras vacaciones. Para más información sobre este lugar tan chulo, pinchad aquí.

No tardamos mucho en volver a casa, paseando por las calles de Madrid, recordando lo vivido para terminar en la cama disfrutando de un sueño reparador.

OJALÁ

A la mañana siguiente no pusimos una alarma para levantarnos, cuando el cuerpo despertó comenzamos a movernos. Lo recogimos todo, entregamos las llaves de la habitación, dejamos las maletas en el coche y nos fuimos a desayunar.

El lugar que os voy a presentar a continuación no estaba planeado, es más nos dirigíamos a otro sitio cuando nos topamos con él (la primera opción estaba en obras, la segunda no nos moló y entre medias allí estaba).

La decoración es espectacular, acogedora, con un montón de plantas sobre nuestras cabezas, color turquesa a por doquier, mesas bonitas y terraza. Como éramos de los primeros, no podíamos haber escogido mejor sitio para sentarnos (al lado de un ventanal, con sillas de hierro y mesa de piedra donde la brisa madrileña nos acariciaba y refrescaba).

Al principio, optamos por un brunch pero se salía de nuestro presupuesto por lo que bajamos el listón y nos decantamos por probar sus “huevos”. En mi caso, escogí los famosos Benedictos compuestos por: pan de ocho cereales eco, jamón york, huevo a baja temperatura y salsa holandesa. El tipo de cocinado del protagonista me produce verdadero hastío ya que se queda como crudo y no aguanto esa textura así que la camarera, muy amable, se ofreció a cambiarlo por uno frito… ¡Un verdadero amor!

Estaban increíbles, nada grasientos, aunque eché en falta algo de verdura pero vamos… ¡Una delicia!

En cambio, mi chico se decantó por los Catalanes: pan de trigo eco, huevo revuelto, tomate con aceite de oliva y jamón ibérico. ¡Un clásico que nunca falla! 😉 .

Todo lo regamos con un buen vaso de zumo de naranja natural (aunque tengo mis dudas de que fuera recién exprimido). Desayunar como dos marajás nos costó unos 16€ mas tan a gusto 🙂 .

Después de aquello, volvimos al coche para despedirnos de Madrid y poner rumbo a nuestra humilde morada.

Fin. No me explayo más. Muchísimas gracias por leerme, llegar hasta el último punto y seguir queriéndome un poquito. Espero que os haya gustado este “resumen” de nuestro día en la capital a pesar de todo.

¡Nos leemos próximamente!

¡Besitos!

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