ZARAGOZA: DÍA 4

¡Buenos días!

En esta ocasión salimos de la capital para dirigirnos a un pueblo que se encuentra a un paseo en coche. Prácticamente nos hemos visto lo más importante de la ciudad protagonista y queríamos ir a investigar un poco más por la provincia aragonesa.

¿Nos acompañas?

Estábamos dudando entre varios destinos pero al final el ganador fue el Monasterio de Piedra situado en Nuévalos. Nos esperaba una hora y media de camino desde Zaragoza por lo que nos levantamos bien temprano dispuestos a desayunar. Y digo “dispuestos” porque casi nos quedamos sin condumio…

¿Por qué? Se debió a que el día anterior (deducieron nuestras mentes) un viaje del inserso se apoderó del hotel. Cuando nos quisimos dar cuenta, habían invadido toda la cafetería. La mesa, que normalmente estaba preparada para desayunar de forma tranquila, se convirtió en una lucha por la supervivencia ya que aquella jauría la tenía en su poder.

Estábamos dispuestos a irnos sin desayunar y comprar algo por el camino, cuando una camarera del lugar se apiadó de nosotros. Se ofreció a servirnos en la barra para que no nos fuéramos con el estómago vacío. ¡Menos mal!. Fue muy maja e incluso me permitió tomarme un mini bocadillo de tortilla francesa, jamón serrano y queso que normalmente no entraba en nuestro desayuno concertado. ¡La mejor de todo el hotel! Una vez terminamos de devorar, nos dirigimos al coche y pillamos la carretera.

Trayecto en el que convivimos con la niebla llegando con un sol espléndido. Aparcamos en el sitio que tienen acondicionado para ello y nos adentramos en aquel sendero en el que el verdor se apoderaba de él. Teníamos dos opciones para ver: el parque natural y el propio monasterio. Hay que pagar entrada y es de 15€ por cabeza, pero ya os advierto que no os dolerá.

PARQUE NATURAL

Como hacía fresquito y se estaba de lujo, decidimos que empezaríamos por el parque. A día de hoy pienso que fue la mejor decisión de nuestra vida. A continuación veréis una serie de imágenes que os dejarán con la boca abierta. Iré poniendo títulos de todo lo que tengo apuntado (de lo que no solo puedo deciros que disfrutéis del paisaje). 

Baño de Diana

Gruta del Artista
Cascada La Caprichosa

Los Fresnos Altos

Los Fresnos Bajos

Gruta Iris

Cascada Sombría

Nos ocupó toda la mañana (por lo menos unas 3 horas teniendo en cuenta que llegamos sobre las 10:00 a.m) que culminamos con una exhibición de aves rapaces. De esto no hay fotos ya que teníamos que estar bien quietos, debido a que las especies volaban muy cerca de nosotros (en alguna ocasión nos rozaron con sus plumas) y se asustaban/atacaban con facilidad.

Después de aquello, decidimos ir a comer. Hay dos sitios para elegir (uno caro y el otro asequible)… y metimos la gamba pero bien…

RESTAURANTE PIEDRA VIEJA

No tengo foto de la entrada pero es lo menos interesante. Nos adentramos y es un restaurante normal. El menú tenía pinta de prometer y el precio era asequible así que tampoco nos pareció mala idea comer allí.

Una vez sentados dotoreamos qué nos íbamos a pedir. Incluía primero, segundo, postre, pan y una bebida: copa de vino (te ponen la botella entera) o agua (cerveza no).

Para empezar, escogí los Pimientos de Piquillo rellenos en su salsa. Me gustaron bastante, colocaban tres unidades y estaban ricos. La salsa era de tomate (no sé si casera o de bote pero buena al fin y al cabo) y los rellenaron de carne.

En cambio, mi chico prefirió  las Judías blancas con Codorniz estofada. Para mi gusto, de sabor estupendas. El caldo gordito, la habichuelas blanditas y la carne riquísima.

Hasta aquí parecía que todo iba bien pero, de repente, mi novio va a coger pan de la cesta que nos habían colocado y, según nuestro criterio, creemos que habían urgado en él. Esto se debe a que un pedazo tenía un boquete justo en el centro… Sólo fue un trozo, el resto estaba bien, pero era descarado y estaba claro que no se trataba de una burbuja de aire. Sea como fuere, la serie de catastróficas desdichas dio comienzo.

Vienen los segundos. Yo escogí la Trucha del Río Piedra con Longaniza. Normalmente, por esta zona este tipo de pescado se encuentra muy presente. Y tenía entendido que se comía al horno con bacon o jamón serrano en su interior, por lo que elemento “longaniza” me llamó la atención.

Cuando vi el plato, me desencanté… Estaba buena, todo hay que decirlo, pero muy simple. En primer lugar, el embutido era mini y sólo había uno el cual esperaba que se encontrara a modo de relleno del pescado… Pero no… Cada elemento era independiente. En cuanto a la jugosidad no estaba seca ya que se trata de un pescado sabroso de por si, pero no tanto como cuando las hacía mi madre en casa… Acompañado todo de unas verduritas. No sé, me despagué mucho.

El plato de mi chico no lo fotografié porque el estaba indignado con lo que vio y no quería ponerle más de los nervios… pero vamos, también un poco desastre…

Pasamos a los postres y esto sí que fue la guinda del pastel (nunca mejor dicho). Yo escogí las Natillas Monjiles. No me las acabé no porque no estuvieran buenas, si no porque (a pesar de que el menú no fue muy allá me lo clavé enterito ya que lo estábamos pagando…) estaba hinchada. Aún así, de monjil tenía el bizcochito que le pusieron a modo de adorno. Lo demás eran natillas que, por textura y sabor, parecían caseras.

En cuanto a mi chico… Bueno… Sólo puedo decir que me pidió de forma imperiosa que le hiciese foto a lo que le habían traído porque quería enseñarlo a todo el mundo… Escogió el Flan de Vainilla y le trajeron efectivamente eso, pero de la marca Pascual. ¿Cómo lo véis?.

Me parece un poco indignante pagar un menú de 13.75€ y que te planten un flan de bote. En sitios más bonitos y menos caros he comido postres caseros sencillos y riquísimos que no hacen que denigren toda la velada. De verdad, para ofrecer eso, que lo quiten de la carta. Fruta natural y quedas tan requetebien, pero así… ¡Fatal!.

Entiendo que estemos en un lugar que se gana la vida del turismo, pero pienso que las cosas siempre se tienen que hacer de la mejor forma posible con los recursos que tengamos. No hace falta poner tantas opciones en un menú si la calidad va a ser mínima… Prefiero dos platos bien hechos a cuatro regulares. Las personas, en todos los sentidos, buscamos la calidad y no la cantidad, es un concepto que a mucha gente le cuesta entender y que deberían poner más en práctica.

Como nos iban a clavar casi 14€ por cabeza, mi chico se liquidó la botella de vino enterita… ¡Arreando!.

MONASTERIO DE PIEDRA

A las 15:30 empezaba la visita guiada por lo que hicimos tiempo en un banco después de comer. Reposamos al fresquito, disfrutando de la naturaleza y la compañía.

El Real Monasterio Cisterciense de Santa María de Piedra tiene su origen a finales del siglo XII bajo la política del Rey Alfonso II el Casto. El deseo de dicho monarca era fundarlo siguiendo la regla de San Benito, en el cual los monjes hacen de su vida una búsqueda sincera de Dios a través de la oración litúrgica, la lectio divina y el trabajo manual.

El edificio es de equilibradas proporciones, destacando su esbeltez y belleza. No hay representaciones escultóricas y las ventanas poseen como “cristal” el alabastro ya que permite pasar la luz pero no ver el exterior. Esto se debe a que el fin perseguido por los monjes es que nada debe distraerles de la “Búsqueda de Dios”.

Sala Capitular: Es la sala donde se tomaban las decisiones que afectaban a la abadía.

Vivieron allí durante casi 650 años en los cuales tuvieron que abandonar el Monasterio en tres ocasiones: durante la Guerra de la Independencia, el trienio liberal y con la exclaustración (Desamortización de Mendizábal). Después, fue comprado en subasta pública por Pablo Muntadas Campeny y pasa a ser su propiedad privada. En principio, iban a edificar sobre el terreno, pero la familia se enamoró del lugar y desarrollaron el Parque Natural que habéis contemplado anteriormente.

Cocina

Una vez terminamos la ruta por dentro del Monasterio, nos dirigimos a casa a descansar antes de salir en busca de la cena.

Era Jueves por lo que allí tienen la conocida tradición del Juepincho. En ella, distintos bares de la zona Heroísimo y la Magdalena ponen bebida y tapa a solo 2€. Al final, desistimos de ir porque a mi chico le empezó a doler la muela y quería comer algo pero cerca de donde estábamos, así que volvimos al Tubo que lo teníamos a un tiro de piedra.

Sólo estuvimos en el “Sin Nombre” (podéis ver qué nos pedimos la última vez pinchando aquí) pero nos pusimos “moraos”. Tapas a por doquier pero lo mejor fueron los Huevos Rotos con Roquefort. ¡Ñam!. Bien de salsa, de huevo, todo muy jugoso y rico. Eran los de la semana y por ello costaban algo más económicos 😉 .

Una vez terminamos de devorar, nos dirigimos a casa haciéndonos a la idea de que nuestras vacaciones llegaban a su fin…

¡Y hasta aquí doy por concluido el post!. Espero que os haya gustado el paisajazo del que pudimos disfrutar y os animéis a visitarlo. Es un lugar al que vale la pena ir.

Ya estamos casi en la recta final del viaje, solo queda una entrada más… Lo único que puedo adelantaros es que comimos mejor que ningún día. Así que… ¡Estad atentos!.

¡Mil gracias por llegar hasta el final y comentar! Me hace mucha ilusión saber vuestras opiniones y aportaciones, además que así os conozco un poquito más.

¡Nos vemos en el próximo post!

¡Besitos!

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