MADRID: DÍA 3

¡Buenos días!.

Continuamos con los post de turismo por la capital. Ésta es la segunda entrega y sólo faltará una más. Quiero subirlas seguidas ya que así no perdéis el hilo de mis aventuras madrileñas. Fue un día intenso ya que no paramos nada más que al mediodía, eso sí, no será tan largo como el anterior. ¡Prometido!.

¿Comenzamos?

Aquella mañana mi prima trabajaba por lo que me dejaba sola ante el peligro. Ni corta ni perezosa me dí una ducha refrescante, desayuné y me adecenté para explorar por mi cuenta. Decidí ir a ver La Cibeles ya que estaba a una media hora andando desde nuestra casa así que allá que me fuí.

A continuación veréis una serie de imágenes de todo lo que me encontré en mi paseo hacía allí y más allá.

La Cibeles.
La Cibeles.
La Cibeles de cerca.
Plaza de Cibeles.

El Ayuntamiento.
El Ayuntamiento.
El Ayuntamiento.

Llegué también a la Gran Vía viendo edificios preciosos como éstos.

Edificio Metrópolis. ¡Mi favorito!.

Edificio Rolex.
Gran Vía.

Ya estaba cansada por el calor y el hambre empezaba a hacer su aparición por lo que decidí comer de camino a casa. Elegí un pequeño restaurante llamado Oyamel (pincha aquí). Tenían menú diario por 13,50€ y se basa en comida tradicional mexicana. No la había probado nunca así que me animé a entrar. El local es precioso, todo hay que decirlo. Acogedor y lleno de buen rollo.

Llega el camarero para tomarme nota. Primero pedí una caña porque estaba sedienta y así, mientras tanto, elegía los platos para comer. Cuando llega por segunda vez me dice que si no entiendo algo de lo que ofrecen que se le pregunte ya que tiene que preguntarlo en cocina. ¡Uy…!. ¿Un camarero que no sabe lo que vende?. Mal empezamos…

Aún así, escogí platos sencillos que no tenían mucha dificultad y que, viendo el percal, quería asegurarme llenar el buche. De primero creo recordar que era un Rissoto de Champiñones. Bien, pues lo que me trajeron fue lo que veis.

Para empezar, de rissoto tiene lo que yo de mexicana. Nada. Es arroz normal, mezclado con los champiñones, le ponen un huevo frito por encima y un poco de salsa de tomate. Parecía más bien un arroz a la cubana. Además, éste estaba pasado y se me hizo eterno comérmelo.

De segundo escogí el Muslo de Pavo con Salsa y Envuelto en Hoja de Plátano. Observáis lo mismo que yo, ¿no?. No hay hoja por ningún sitio. En su lugar, me ponen unas patatas fritas de bolsa La carne estaba seca a pesar de la salsa, la cual no estaba nada mal. Me comí el muslo y pasé al postre.

Elegí la Mousse de Chocolate y Mango. Lo que me traen es una especie de mazacote estilo pudin con un sirope de algo por encima… ¡Peor imposible!. El sabor no me gustó nada y la textura menos aún. Me lo dejé prácticamente entero.

Lo único bueno que saco de este restaurante es la rapidez en cuanto a atención y servicio. Otra cosa que no me gustó es que tardaban entre poco y nada en traer los platos por lo que imagino que los tendrían hechos y sólo recalentaban en el momento. Es un lugar que no recomiendo para nada en absoluto si vais de menú diario. Igual yo no estuve fina en la elección de los platos y a la carta la cosa cambia, pero si viviera allí no haría una segunda cata para comprobarlo.

Tras abandonar el lugar, volví a casa a descansar como es debido y a esperar a mi prima.

Una vez las dos despejadas y arregladas, seguimos con nuestra exploración madrileña. Le propuse ir al Templo de Debod ya que había oído que su atardecer es de los más bonitos y… ¡qué gran verdad!. Realmente no lo terminé de ver justo ahí pero el tiempo que estuvimos pudimos disfrutar de imágenes como éstas.

Gimnasta en una sesión de fotos.

Andando hacia delante, nos topamos con los Jardines de Sabatini y el Palacio Real. La zona me pareció preciosa y podría afirmar que es lo que más me gustó de todo Madrid.

No sabemos qué es pero me gustó el edificio.

Jardines de Sabatini.

Palacio Real.
Palacio Real.
Palacio Real.

Palacio Real.

Palacio Real.

Una vez hechas las fotos pertinentes y observado toda aquella hermosura, decidimos plantarnos en la Gran Vía nocturna e ir a cenar.

Escogimos un japonés llamado Oishii y probar una de sus especialidades: Ramen. Nunca había tenido la oportunidad y estaba muy emocionada. No soy para nada fan del sushi ni suelo frecuentar lugares de este estilo, aunque he de admitir que el plato que tomé se ha convertido en uno de mis must gastronómicos de la cocina japonesa.

Había un montón de combinaciones pero yo escogí el Tantan Ramen compuesto de caldo original, cerdo picado, brotes de soja, huevo y cebolleta. Muy gustoso, de sabor intenso y riquísimo. Quizás no era la mejor opción teniendo en cuenta el calor que estaba haciendo, pero soy de esas personas que no les importa “sufrir” si lo que se va a comer merece la pena. ¡Y en este caso lo valía con creces!.

Todo bien mezclado, el caldo era “gordito” y de cantidad más que suficiente para tomar eso y ya está. Pero, como suele ocurrir, la gula me puede… También degustamos algún plato que otro de estos que van pasando por tu lado en una cinta transportadora. El precio varía en función del color del recipiente. No hay foto de ellos porque eran de bocado y tampoco es que fueran nada del otro mundo. Tengo claro que, si volviera, sólo comería la especialidad.

El personal del lugar es de origen asiático por lo que nadie mejor que ellos para cocinar sus propios productos. Lo que también me pareció curioso es ver cómo preparan estos mini aperitivos ya que lo hace el señor que se encuentra al final de la cinta en una cabina con cristalera.

Como buen Viernes que era, decidimos ir a tomar una copa. Mi prima me llevó a un sitio espectacular situado en la Calle del Pez. Se llama 1862 Dry Bar y las fotos que veréis a continuación no le hacen justicia de lo chulo que era. Pincha aquí.

Luz de ambiente, botellas por doquier, glamour envuelto en el halo de la noche, abarrotado hasta los topes y una carta que te dan ganas de probarlos todos (o de llevártela como recuerdo de lo bonita que era).

Tomamos dos cócteles diferentes. De los de mi prima no tengo foto como tal, pero de los míos sí y recuerdo el sabor como si me lo estuviera bebiendo ahora mismo. El primero en caer fue La Queca, bebida compuesta por Ron procedente de 5 orígenes, Mezcal espadín, Pepino, Lima, Sirope de Agave y Ginger Beer. ¡Súper rico!. Muy refrescante, el sabor a pepino se notaba una barbaridad y tenía un toque picante gracias al jengibre.

Calló en menos que cantaba un gallo. Tocaba el turno de la segunda víctima que, en este caso, fue un Doble C. Sus ingredientes son Ginebra, Campari infusionado con Camomila, Aperol, Miel, Pomelo y Ginger Ale. ¡Otra locura de sabores en el paladar!. En este caso era más dulce y también entró como si nada. La presentación no podía ser más bonita ♥.

Otra cosa guay de este bar era observar como los cocteleros preparaban las bebidas. Nos sentamos en la barra por lo que teníamos aquel espectáculo en primera fila. Fueron muy amables desde el principio y nos compadecimos de ellos ya que… ¡No tenían aire acondicionado! (o no lo podían enchufar…). Si nosotras teníamos calor en aquel garito, aquellos entre ser batidoras humanas y la cantidad de gente que había no me imagino lo mal que lo estarían pasando… Aún así, tuvieron el detalle de colocarnos una jarra con agua y hielos junto con dos vasos porque sí para que nos refrescáramos en la medida de lo posible.

Esos pequeños actos son aquellos que, independientemente de que sus bebidas fueran mejores (que en este caso lo eran) o peores, hacen que me plantee volver o no a un sitio. Desde luego, la gente madrileña que me lea no puede dejar de visitar, aunque solo sea un vez, este local. Y si vais, me encantaría que me lo dejaráis escrito (contándome vuestra experiencia) en este post o aquí.

Una vez terminadas nuestras bebidas espirituosas, decidimos volver a casa ya que estábamos exhaustas. Yo por el paseo mañanero intenso y mi prima por haber trabajado esa mañana habiéndose levantado súper temprano así que… ¡Hola cama!.

Y hasta aquí concluye mi tercer día en la capital española. Esta vez me he contenido y he hecho una entrada asequible en cuanto a lectura se refiere. Ya solo queda un entrega que, si todo va como espero, la tendréis muy pronto en el blog.

Espero que os haya gustado y si habéis estado en alguno de estos sitios me contéis qué tal ha sido vuestra experiencia y vuestras elecciones. Como siempre suelo decir, mis opiniones están basadas en lo que vivo de forma puntual por lo que las críticas constructivas que pueda escribir por este espacio son, del mismo modo, únicas.

Gracias de todo corazón por estar aquí con cada publicación, siento no estar a la altura en cuanto a dedicarle más tiempo a este hobby pero sé que vosotros lo entendéis por lo que me enorgullece aún más contar con vuestro apoyo día tras día. ¡Sois lo mejores!.

Si no quieres perderte nada de mi día a día, sígueme en Instagram: @pajuanes. Y si te ha gustado esta entrada y te apetece continuar leyéndome sólo tienes que suscribirte pinchando en menú, introduce tu correo electrónico y confirma el email que te llegará a tu bandeja de entrada. ¡Voilá!.

¡Que tengáis un bonito Martes!.

¡Besitos!.

3 comentarios en “MADRID: DÍA 3

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