MADRID: DÍA 1 Y 2

¡Buenos días!.

Las que me seguís por Instagram (@pajuanes) sabeís de buena tinta que estuve pasando unos días en la capital española. Aprovechando mis vacaciones y que mi pobre chico le tocaba pringar, decidí ir a visitar a la guapa de mi prima (@nightologyst) que, por temas laborales, está viviendo allí.

Estos post no van a estar llenos de cultura histórica pero sí de fotos y de experiencias vividas. Sólo estuve tres días y medio por lo que no entramos en edificios, museos ni nada por el estilo. Únicamente disfrutamos de las calles de Madrid y de todo lo que ofrece la capital.

¿Quieres saber qué hicimos?

PRIMER DÍA

Llegué un Miércoles por la tarde en AVE, ya que le venía de perlas recogerme en la estación de Atocha a esas horas. Una vez juntas fuimos a su piso y dejamos las maletas, hablamos, nos pusimos al día de nuestros últimos acontecimientos vividos… Lo que hacemos siempre porque tardamos mil años en volvernos a ver¡Mal!.

Decidimos acicalarnos e ir al barrio de Malasaña a ver que se cocía por allí para pegar un bocado. Me resultó muy interesante el metro, sus líneas y qué gozada que pasen en tan poquito tiempo. En Valencia, esto no ocurre… 😦.

Una vez allí, me quedé observando las calles del lugar. Aluciné con la variedad tanto de sitios como de gente. Era una mezcla cultural y de estilos a lo bestia. Como dice mi prima, nos encontrábamos ante la “etnia pihippie”. También me comento que era el lugar “de moda para jovenzuelos” así que allí que estábamos nosotras.

Lo primero que hicimos fue ir a un bar de toda la vida a tomar un “yayo”, bebida compuesta por ginebra, casera y vermut. El local escogido se llama Casa Camacho (pincha aquí) y es uno de los lugares emblemáticos de dicho barrio.

Como observaréis, se trata de un bar de toda la vida, con la esencia de los años 20. Castizo, sin modernizar, donde radica aquello que lo hace diferente y por lo que atrae a la clientela. La decoración es muy retro, lástima que hubiera tanta gente y poco espacio porque habría hecho unas fotos sensacionales. Aún así, os dejo esta imagen que, aunque la calidad es horrenda, sí que podéis haceros una idea de la sintonía que nos envolvía.

Los camareros no paraban y mi prima me explicó que, si querías ir al baño, ¡tienes que atravesar la barra!. Nos sirvieron dos de sus cócteles espirituosos acompañados de unas olivas que estaban riquísimas.

Terminado este ritual, fuimos a otro bar famoso de la zona: Casa Julio (pincha aquí) donde destacan sus croquetas. El establecimiento es también bastante antiguo, aunque he leído por ahí que está reformado por lo que dicen que ha perdido parte de su encanto. A mí me pareció un sitio bonito y clásico, con detalles que te hacen pensar que lleva tiempo recorrido.

En esta ocasión, pedimos un par de copas de vino blanco Kentia para acompañar a su plato estrella. Escogimos tres clases: de picadillo riojano, setas, queso y puerros; y espinacas con pasas y más queso. ¡Qué ricas!.

 

Croquetas de Espinacas, Pasas y Queso.
Croquetas de Picadillo Riojano.
Croquetas de Setas, Puerros y Queso.

Para finalizar, unos Huevos Rotos. He de decir que estaban muy buenos pero no sé si ocurrirá así siempre, según mi prima sí y en todos los sitios madrileños, y es que nos dejaron los huevos un poco crudos. Hay a gente que les gusta de esta forma para que todo esté más jugoso pero a mí no… Me lo comí pero un poco con hastío y examinando cada tenedorada que hacía para no encontrarme restos. Eso sí, todo recién hecho y de sabor estupendos.

También he de hacer mención en las patatas. Eran caseras y cocinadas con todo el amor del mundo. Aunque estaban un poco a medio hacer algunas, imagino que (como suele pasar en casa) es algo típico cuando echas demasiadas de golpe a la sartén.

Una vez estábamos con la barriga llena, decidimos volver a casa a descansar y disfrutar de nuestro tiempo juntas.

SEGUNDO DÍA

El itinerario previsto para hoy estaba muy claro desde el principio por lo que tenía mucha ilusión de disfrutar este día con mi prima ya que, además, se lo pidió libre en el trabajo para estar conmigo ♥.

Recorrimos las calles de Madrid más famosas tales como Alcalá y Goya dando un paseo llegando así al Parque del Retiro. Era una parada obligatoria y una de las que más ganas tenía. Entramos exhaustas ya que el calor que hizo durante mi estancia en la capital era horrible… ¡En la vida había sudado tanto!. Aún así, este factor no me desanimó en ninguna de mis andaduras.

¿Qué os voy a contar de este paraje?. ¡Es absolutamente precioso!. No voy a extenderme demasiado en explicar nada de este lugar. Simplemente os voy a poner las fotos y juzgad por vosotras mismas. A día de hoy, es uno de mis sitios favoritos de la ciudad. No pudimos recorrerlo entero ya que es enooorme. Pero si algún día vuelvo a él, lo examinaré con muchísimo más detenimiento :).

Rosaleda.

El Ángel Caído.

Palacio de Cristal.

Barcas.

Después de este tour y de hacer piernas, los rugidos de nuestras tripas se incrementaron por lo que pusimos rumbo al segundo itinerario. Éste, sin duda, ha marcado un antes y un después en mi vida. Ahora entenderéis porqué.

 

Antes de dirigirnos a nuestro destino, nos encontramos con la Puerta de Alcalá así que… ¡Sesión de fotos al instante!.

Atravesamos la calle con más glamour y nivel que haya visto en mi vida: Serranos. Todas las marcas inaccesibles para los mortales en cuanto a ropa y complementos se refiere… ¡Estaban allí!. De vez en cuando te encontrabas un Tous o un Zara por el camino, pero para que no te sintieras intimidado. No hice foto de esa zona porque íbamos con prisa ya que nuestro destino no admitía reservas.

Lo más curioso es que el restaurante en cuestión está situado dentro de un Corte Inglés. Una vez lo encontramos, subimos a la zona Gourmet y allí estaba esperándonos nuestra posición en la cola del Street-XO de Dabiz Muñoz. (Pincha aquí).

Mi prima ya había ido anteriormente con mi tía y le encantó tanto que me lo propuso ya que, como todos sabéis, soy de buen comer. Mi SÍ fue rotundo y escandaloso. Sólo tuvimos a una persona por delante, llegamos sobre las 14:00 y estuvimos esperando alrededor de una media hora larga.

Una vez sentadas en nuestras butacas, comenzó la fiesta. El lugar mola mucho. La decoración es alocada, tipo calles repletas de carteles luminosos, coloridos y estridentes. Sin espacios, a mogollón. Todo muy llamativo. Disponían de mesas y terraza pero nosotras preferimos comer en la barra (roja y reluciente) ya que en su interior los cocineros hacían su magia delante de ti.

Para más inri, cada vez que te traían tu plato escogido lo terminaban (en algunas ocasiones) en tu sitio explicando a su vez la forma del cocinado y los ingredientes. Por último, daban pautas de cómo tenías que comértelo para sacarle el máximo partido y disfrute.

Allí no hay menú, sino que las elaboraciones son para compartir. Como éramos dos, uno de los camareros nos explicó que lo normal era elegir entre tres o cuatro opciones para empezar. Si queríamos alguna más posterior sólo había que pedirlo. Siendo como somos… ¡pedimos cuatro! y una caña para cada una, que teníamos mucha sed.

A todo esto, la indumentaria de los trabajadores era una pasada ya que todos iban con camisas de fuerza. ¡Están muy locos!. Otra característica que tienen en este restaurante es que cada uno de ellos se encarga de un plato (o dos) determinado por lo que, en función de lo que elijas, te atenderán unos u otros.

Bien, volvamos a lo nuestro. Comenzamos degustando el Dumplin Pekinés acompañado de Oreja Confitada, Hoisin de Fresas, Ali-oli y Pepinillo. Normalmente van tres unidades, pero nosotras pusimos una pieza extra.

Para mí, fue el mejor plato sin ninguna duda. Una explosión de sabores en el paladar, ¡BUENÍSIMOS!. Lo mejor es la forma de comerlos ya que te los presentan en una especie de papel (tipo los de carnicería donde te guardan la carne) que está decorado con el Hoisin de Fresas. A continuación, tienes que coger toda la elaboración con la mano, restregarla en la salsa y comértela de un bocado. ¡IMPRESIONANTE!. De verdad, de SOBRESALIENTE.

La oreja bien crujiente, la empanadilla creemos que estaba rellena de pato pekinés y el sabor es inigualable, con la mezcla de la salsa de fresas y el resto de ingredientes es un festival. Como dos buenas mamonazas que somos, ahí nos veías a las dos repelando el hoisin con los dedos… No hace falta decir más.

Pasamos a la segunda experiencia: Caballa “Frita al revés” con Pimienta Sichuan, Huevas de Trucha y Ponzú Cítrica. Acompañada de Ajíblanco, Lima Lagueño y Papas moradas fritas.

Cuando nos lo pusieron delante, la caballa estaba cruda pero, de repente, llega un señor camarero con un cazo repleto de aceite hirviendo. Vierte el líquido necesario sobre el pescado deleitando nuestros oídos de chisporroteos y terminando de crear.

No queda frita del todo, pero sí que es un bocado exquisito. No dejamos ni una hueva. El sabor espectacular, la carne de la caballa súper jugosa, y los acompañantes una delicia. Sinceramente, el plato se me quedó corto ya que esperaba más cantidad y de otra forma expuesta las patatas (en plan no tan finitas). Pero fue toda una sensación.

Tercero en discordia: Pichón Japón. Se encuentra marinado en Miso rojo de Remolachas y Yuzu, caramelizado en robata con Migas de Pastor al vapor y Chorizo de León ahumado.

Otro acierto en toda regla. Me encantó como dispusieron la salsa y el dibujo que crearon. La carne estaba en su punto, tan jugosa que se deshacía en la boca. Las migas nos las esperábamos crujientes pero, contra todo pronóstico, eran blanditas y el sabor a chorizo las impregnaba de forma brutal.

El camarero nos explicó que, para gozar de un mar de sensaciones, debíamos partir la carne en trozos más pequeños y mezclarlo todo para que los sabores se combinasen. ¡Madre del amor hermoso!. ¡Una delicia sublime!. Este Dabiz Muñoz… ¡Es un artista!. Otro plato que repetiría sin ninguna duda.

Por último, y con mucha pena porque me hubiera pedido toda la carta, os enseño la cuarta creación: Estofado expréss en wok… Seda… Arroz sedoso y Vaca roja gallega semi curada y adobada. Tamarindo, emulsión de mantequilla tostada, texturas sedosas…

Yo diría que es el que menos me impactó de los escogidos. La presentación es preciosa, como podéis observar, pero me decepcionó un poco. Es decir, cuando leo arroz pensé que iba acompañado de éste, pero no. Es ese velo blanquecino que recubre la elaboración. Debajo se encuentra la ternera, muy jugosa, con la salsa y una especie de bachoqueta aldente. La emulsión de mantequilla es ese decorado crudo que envuelve el plato. Te la esperas blanda pero tampoco, está dura y con el calor del resto de ingredientes se va deshaciendo.

Para comerlo, el camarero nos explicó que debíamos partir el preparado en cuatro trozos lo más iguales posibles y comerlos sin destruir la estructura. Lo fácil era decirlo, hacerlo… es otro cantar. Nos resultó muy difícil ya que se desmontaba con tocarlo. Aún así, de sabor buenísimo. Nos duró cero coma, pero no sé si repetiría.

Para finalizar esta fiesta del sabor, decidimos probar sus cócteles.

Mi prima escogió el llamado: Diverxo Líquido Madrizzzzzz 100%. Compuesto por Jazmín, Vinagre de Coco, Lima, Jengibre y Néctar de Caramelo de Violetas.

Bonito a la vista y riquísimo al paladar. Me recuerda a una especie de Gin Tonic pero con un punto dulce. Lo mejor, es el copón donde lo sirven. Era más grande que la cabeza de mi acompañante.

En cuanto al que escogí yo, lo describen así: Piña asada al carbón lentamente, Ron añejo de solera con Lima e Infusión de Haba Tonka. ¡Buenísimo!. Dulce, el sabor a piña intenso y con sus trozos en el fondo. Almendra amarga espolvoreada encima de los hielos, era un estilo granizado pero muy rico.

Como conclusión os digo que es una experiencia gastronómica que debéis vivir. No os voy a engañar, es caro de cojones pero cada euro que inviertes no duele si te hacen disfrutar de esa manera. Tanto en el servicio, porque los camareros y cocineros son muy eficaces y simpáticos como en cada bocado. ¡INOLVIDABLE!.

Llegó la hora del postre. Street-XO todavía no tiene ese campo por lo que nos fuimos al Rocambolesc de Jordi Roca y disfrutamos de una tarrina de helado. El formato es tipo Yao-Yao o Smoöy. Eliges el sabor y los toppings. 

El mío era de vainilla, con galletas de mantequilla, crocanti de chocolate y salsa de chocolate y caramelo. En cambio, el de mi prima no me acuerdo qué llevaba pero… ¡Mirad qué pinta!.

El mío.
El de mi prima.

Estábamos ya exhaustas de andar, comer y pasar calor por lo que pillamos el metro y a casa a descansar.

Para finalizar un día tan espléndido, decidimos salir a cenar. Mi prima no tenía pensado a dónde llevarme por lo que indagamos sobre los lugares cercanos a casa que estuvieran bien. Nos decantamos por ir a un asturiano llamado Hermanos Ordás (pincha aquí) a ver qué tal nos daban de comer.

Habíamos leído que su cachopo era uno de los mejores de Madrid por lo que teníamos que ir a comprobarlo. El sitio por fuera es lo más normalucho que te puedes echar a la cara. El típico restaurante que no tiene glamour ninguno y se nota la bastedad en sus cuatro paredes. Cuando entras, sigues teniendo esa sensación y piensas “¿dónde me he metido?”, pero una vez te pasan al comedor la cosa cambia.

Es antiguo aunque con un encanto especial. Las mesas perfectamente colocadas con manteles de cuadros blancos y rojos, las paredes de madera, un calendario de hace tropecientos años y unos camareros algo secos pero muy eficaces. ¡Muy acogedor!. 

Como os he comentado anteriormente, el cachopo es uno de sus platos estrella por lo que es lo único que pedimos y fue para compartir. También disponen de menú en el cual lo incluyen pero mi prima no tenía demasiada hambre y yo no quería abusar ya que me esperaban aún un par de días en los que gozar comiendo.

Cuando llegaron con el plato nos quedamos anonadadas. ¡ENORME!. Con aquello íbamos más que servidas. Lo acompañan con patatas fritas caseras y pimiento rojo. 

Hice foto del corte para que veáis la jugosidad. Sé que sale con un poco de sangre, yo también pensé que estaba crudo y me horroricé pero no… ¡Está impresionante!. El sabor del queso una locura, el jamón serrano de vicio y lo tierna que estaba la carne… ¡Puff…!. De verdad, un auténtico placer. El rebozado lo hacen sin pan rallado por lo que queda más fino y no hincha tanto. ¡Muy recomendable!.

Lo mejor es el precio ya que con un cachopo y dos bebidas (una para cada comensal) no llega a los 12€ por cabeza :).

Con el buche lleno, nos fuimos a casa que necesitábamos reposar…

Y hasta aquí parte de mis aventuras por los madriles. Lo sé, me he pasado tres pueblos con la largura de este post. Por ello, no os voy a marear más por hoy.

Espero que os haya gustado y estéis atentas al próximo. Como siempre podéis seguirme en Instagram: @pajuanes y/o suscribiros al blog. ¡Muchísimas gracias por leer!.

¡Qué paséis muy buen fin de semana!.

¡Un besito!.

6 comentarios en “MADRID: DÍA 1 Y 2

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    Saludos

    Le gusta a 1 persona

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