LEÓN: DÍA 3

¡Buenos días!

CUEVA DE VALPORQUERO

Continuamos nuestro viaje y, en esta ocasión, decidimos visitar la Cueva de Valporquero. Nos enfundamos un bocadillo, cogimos carretera y después de una media hora larga, más o menos, nos plantamos en el lugar. Tuvimos que esperar un buen rato por el tema horarios pero así nos dio tiempo a investigar y a hacer las fotos pertinentes (que no saldrán en este blog porque están en los móviles y cámaras de mis acompañantes).

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La cueva se ubica en la pedanía de Valporquero de Torío (que le da nombre), en el municipio de Vegacervera, al norte de León. Ésta  abrió “sus puertas” en el año 1966 después de un buen acondicionamiento e iluminación. Gracias a ello, permite a los visitantes la oportunidad de adentrarnos en el corazón de la montaña y disfrutar del paisaje plagado de estalactitas, estalagmitas, columnas... que a lo largo de miles de años el agua ha ido esculpiendo de una manera lenta pero constante hasta conformar el paisaje único que ofrece esta “catedral subterránea”.

Una invitación a la contemplación y el conocimiento de la historia de la tierra es lo que encontramos en este paraje privilegiado, aunando ocio y cultura en el recorrido a lo largo de las salas que ofrece la cueva, dejando volar la imaginación sumergiéndonos en un “viaje al centro de la Tierra”.

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Después de todo este rollo que os he soltado, he de destacar algunos detalles: por la tarde íbamos a hacer senderismo (luego os contaré la odisea…), por lo que mi hermana y yo nos enfundamos unos señores pantalones cortos. He de decir que en la cueva hay siempre (tanto de máxima como de mínima) 7 ºC… Os podéis imaginar como acabamos después de una hora larga de exploración subterránea. Gracias al cielo por la ocurrencia de llevarnos una chaqueta… porque sí, también íbamos en tirantes.

Sobre las 11:30-12, llegó la hora de adentrarnos en la cueva. He de añadir que existen dos tipos de recorridos: el corto compuesto de 5 salas y el largo que contiene 7 salas. Ya que estábamos allí y con todo lo que nos tocó esperar decidimos entrar en el largo. ¡Merece la pena!. El precio de la entrada no lo recuerdo pero hay que pagarlo sí o sí ya que ¡es una auténtica preciosidad!.

Esta cueva se formó hace más de un millón de años a causa de que las frías aguas del arroyo de Valporquero empezaron a colarse a través de los poros, fisuras y grietas de la roca caliza disolviendo sus entrañas lenta y tenazmente. Es una vista espectacular que se hace más grandiosa en primavera y otoño gracias al deshielo y las lluvias. Nosotros no tuvimos tanta suerte ya que la cueva estaba “seca”.

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Disponíamos de un guía el cual nos explicaba datos históricos sobre cada una de las estancias al igual que anecdóticos. Era un poco serio pero lo hacía muy bien y no se hacía para nada pesado. La primera galería en la que nos encontramos es en la Gran Rotonda.

Es la más grande. Sus paredes forman una gran cúpula de 20 metros de altura atravesada por el río (en épocas de lluvias). Se dice que la custodia un fantasma…

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El fantasma.

Enseguida, llegamos a la segunda sala: Pequeñas Maravillas. Se sitúa al norte de la Gran Rotonda y destaca por las características formas que dan nombre y vida a sus espeleotemas (formaciones de las cavidades), en este caso: la Torre de Pisa, Las Gemelas o la Virgen con el Niño (aquí no veréis ninguna de ellas porque hay que tener muchísima imaginación).

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A continuación pasamos a las Hadas. En época de lluvias, el agua forma una cascada. Nosotros fuimos en temporada de sequía por lo que os tendréis que conformar con las preciosas formaciones de estalactitas y estalagmitas.

Siguiendo el antiguo curso del río, el camino se abre paso a través de un suelo repleto de estalactitas caídas y estalagmitas que afloran de forma caótica formando un verdadero cementerio, dando un aspecto ciertamente siniestro. Esta sala recibe el nombre de Cementerio Estalagtítico.

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Continuando hacia el interior de la cavidad, nos adentramos en esta espectacular galería, llamada la Gran Vía, donde los estratos calizos afloran verticales, formando un estrecho pasillo de más de 200 metros de longitud y alturas que llegan a sobrepasar los 30 metros.

En el centro de la sala y bordeada por el camino, una solitaria y  esbelta columna se eleva hasta perderse en una multitud de agujas estalactíticas. Esta estancia se llama Columna Solitaria. Después sorteamos oscuras y profundas simas bajo las cuales y tras 50 metros de vacío, discurre el río subterráneo de Valporquero.

Y por fin nos encontramos en la última sala: Maravillas. Miles de puntiagudas estalactitas desenfocan nuestra vista apretándose en una catarata de color, esto se debe al tipo de mineral que la compone. Excéntricas, macarrones, abanderadas y todo un sinfín de espeleotemas saturan el ambiente taponando la cavidad y guardando sus secretos más íntimos. Llegados a este punto se inicia el camino de vuelta. Para los visitantes que por primera vez se adentren en una cueva, quizás les invite a pensar qué maravillas nos ofrece la naturaleza y cuán importante es respetarla y cuidarla.

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Siento el spammeo de fotos pero esta sala era una auténtica locura de bonita.

EL PESCADOR

Una vez salimos de la cueva, el hambre llamó a nuestra puerta por lo que buscamos un sitio para comer. Seguimos la recomendación del guía y nos dirigimos hacia allí. Se trata de un hostal con restaurante, no llama mucho la atención pero tampoco tenía mala pinta.

Había menú (no recuerdo el precio) que se componía de primero, segundo y postre. Mis elecciones fueron éstas:

Sopa casera.
Trucha con guarnición.
Flan de Queso.

El primero no me gustó nada. El caldo era agua y tenía poco sabor. En vez de fideos me pusieron sémola y… ¡La odio!. No me gusta la textura y en esta ocasión estaba más blanda que un higo. Resumiendo, un desastre.

El segundo calmó mi furia ya que estaba riquísimo. Hacía tiempo que no comía este tipo de pescado y me trajo muchos recuerdos de cuando toda la familia nos íbamos al río. ¡Deliciosa!.

En cuanto al postre, era impresionante. ¡Qué flan más rico!. El queso creemos que era requesón o fresco pero el sabor penetraba en el paladar de tal forma que a mí me supo a poco, me hubiera comido otro como aquel sin pensármelo dos veces.

SENDERISMO CATASTRÓFICO

El título es el que es porque para mí fue así. No soy chica de campo, la realidad es esa y hay que saber aceptar las limitaciones de cada uno. Aún así es senderismo me parece una actividad que no tiene mucha complicación si vamos en llano, no hay que escalar ni saltar ni contenga ningún tipo de obstáculo. El problema viene cuando hay que hacer alguna ruta y contiene tonterías como pendientes llenas de tierra en los que, sin duda, resbalo.

No quiero destapar más el pastel. Se hacían las 15:30 del mediodía, el sol caía sin piedad y a mi familia no se le ocurre otra brillante idea que ir a hacer una ruta sin guía por los caminos que supuestamente llevaban a las hoces de Vegacervera.

Ya la idea de ir a dichas horas recién comidos y yo sin protección solar me pareció una atrocidad y un ataque contra mi persona. Ellos cogen el “morenito” antes y no tienen problemas a la hora de quemarse. Pero mi piel, blanca cegadora, con que me roce el sol enseguida me pongo roja… Pues bien, ni puto caso, a hacer senderismo se dijo… pues se hizo.

El recorrido que duraba un par de horitas, a nosotros nos costó unas 3 horas media. ¿Por qué?. La respuesta es muy sencilla, al no ir con guía y estar tan sumamente mal señalizado el camino a seguir, nos perdimos en distintas ocasiones. Durante el trayecto, al principio  era plano y lo podía aguantar bien (el tema no era cansancio, después de estar más de 8 horas de pie en mi último trabajo la resistencia mía era inmensa) pero entonces nos encontramos con una pendiente, llena de hierba seca que resbalaba y ahí quise morir. Ya iba hinchada por que cada paso que daba al frente, una célula de mi cuerpo se estaba carbonizando y me hervía la sangre por dentro porque luego la que tiene que sufrir escozor y malestar era yo.

La bajé conforme pude pero me caí¡Zas!. Eso desencadenó en mí la rabia suprema que afloró a través de lágrimas. No tengo vergüenza de decirlo… ¡cómo una magdalena!. Pasado ese primer momento, continuamos el camino ya que volvía a ser llano y se hacía bastante bien, pero entonces nos encontramos con otra pendiente llena de piedrecitas y que también predecía mi caída isofacta. Otra vez mis ojos se llenaban de agua por temor a resbalarme de nuevo, el pobre de mi padre tuvo que estar ayudándome a bajar porque sola no podía.

Igual pensáis que soy una idiota por ponerme de esa manera, pero hacer una actividad en la cual no contemplas el paisaje ya que sólo vas pendiente de no caerte y no disfrutas de la experiencia para mi es una tortura. Y soy la patosidad en persona, me caigo constantemente por lo que si el terreno tiene obstáculos, este tipo de salidas se me hacen un mundo.

Hubieron unas cuantas pendientes que tuve que bajar y subir como pude, pero llegamos al final del trayecto (donde también me resbalé y caí). Para nuestra sorpresa, lo único que encontramos fue un generador que producía electricidad gracias a las aguas del río. Una familia también estaba por allí y nos dijo que para volver al pueblo debíamos salir a la carretera y andar unos cuantos kilómetros hasta el pueblo. Ahí fuí feliz porque no quería volver sobre mis pasos.

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Una vez llegamos a nuestro destino nos dimos cuenta que, debajo del puente romano del lugar, el río pasaba justo por debajo y la gente se bañaba plácidamente en él. Nosotros teníamos los pies escaldados por lo que los pusimos en remojo. El agua estaba fría a más no poder pero fue el mejor momento de toda la tarde.

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No hay muchas fotos porque no tenía el cuerpo ni ganas. Para terminar volvimos a casa, nos pedimos una pizza y a la cama.

Y hasta aquí mis aventuras leonesas del tercer día. Espero que os haya gustado y, aunque mi experiencia senderil por esta zona haya sido nefasta, os hayáis echado unas risas. Yo ahora lo pienso e igual fue una exageración, pero en su momento se me hizo una montaña bien grande.

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Agradecer a todas aquellas personas que sacan un mini ratito para leerme o simplemente pasar por aquí. Acordaros de comentar si os gusta lo que leéis o para aportar nuevos conocimientos y enfoques.

Este mes es muy especial ya que… ¡me lo guardo!. La semana que viene lo explicaré con todo lujo de detalles.

¡Nos leemos próximamente!

¡Un besito!

2 comentarios en “LEÓN: DÍA 3

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