SALAMANCA: DÍA 4

¡Buenos días!

Es Viernes y, como ya os comenté en el post de mi primer look de maquillaje (podéis leerlo aquí), instauré unas pautas de publicación en las cuales os decía que era posible que, algunas semanas, os encontraríais con alguna entrada adicional (a parte de la habitual de maquillaje un Jueves al mes)… He de anunciar que… ¡El momento llegó!.

En esta ocasión, quiero zanjar el viaje que hice a finales de Enero junto a mi chico. No es que no me guste explicarlo.. ¡Todo lo contrario!. Si fuera por mí… Las entradas serían muchísimo más detalladas. Es solo que creo que se está alargando demasiado y ha pasado bastante tiempo desde que el viaje finalizó. Por ello, esta semana va estar dedicada única y exclusivamente a Salamanca. Lo bueno se acaba pronto, como la ruta de hoy…

¿Empezamos?

Pues… ¡Seguid leyendo!.

El tiempo no estaba de nuestro lado. Amanecimos con lluvia y no tenía pinta de parar. Pero eso no nos iba a quitar las ganas de seguir turismeando. Nos quedaba un sitio crucial por ver y nada nos lo iba a impedir.

CONVENTO DE SAN ESTEBAN

Situado muy cerca de nuestro hotel. Lo primero que nos llama la atención es la preciosidad de su fachada. Verdadero tapiz renacentista-plateresco realizado en piedra y enmarcado bajo un gran arco triunfal cuya bóveda lleva una decoración en artesonado de estilo español. En el centro se destaca el martirio de San Esteban. Nos encontramos ante una obra maestra en la que se combinan distintos estilos como el gótico y el renacimiento español. Es indispensable que no se os escape este lugar porque es una locura de bonito. Hay que pagar entrada para acceder al interior.

Una vez dentro, llegamos a un patio llamado el Claustro de los Reyes. Está formado por dos plantas. En la planta baja se mezclan elementos góticos y renacentistas (como los 20 arcos y el techo que podéis observar en las fotos) y en el centro del jardín encontramos un templete.

A través de éste, podemos entrar al  Panteón de los Teólogos (también llamado Capítulo Antiguo) donde encontramos las tumbas de Domingo de Soto y Francisco de Vitoria entre otros.

Para acceder al piso superior hay que subir una escalera (muy parecidas a las encontradas en la Clerecía). Tiene nombre y se llama Escalera de Soto. Los tramos inferiores soportan a los superiores dando lugar a un efecto de suspensión.

Cuando llegamos a la primera planta, nos encontramos un tablado de madera como suelo junto con una exposición en la que habla de los logros que hicieron los dominicos (porque es un convento de esta vertiente) y algunos hallazgos de las tribus a las que ayudaban. Desde aquí podemos observar el Claustro y las torres del Convento. Una característica de Salamanca son sus cigueñas. ¿Encontráis los nidos?. ¡Están por todas partes!.

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De aquí pasamos al Coro. Es más modesto que el visto en las Catedrales pero también bonito.Su sillería es de estilo clásico. En medio, podemos observar un atril el cual es una pieza fantástica no solo por sus dimensiones, sino por su ejecución en batalla. Lo más interesante de este lugar es el gran fresco de Antonio Palomino que representa La Iglesia Militante y Triunfante.

Os voy a explicar el fresco porque me pareció de lo más interesante. La parte inferior está dedicada a la iglesia militante, representada por una mujer que va montada en una carroza. A su lado está santo Tomás de Aquino y, avanzando un poco más en la carroza, encontramos representadas de forma simbólica las cuatro virtudes cardinales: prudencia, fortaleza, templanza y justicia. A continuación, las tres virtudes teologales: fe, esperanza y el amor a Dios y a los hombres. Pisoteados por los caballos blancos y negros hay tres personajes: ignorancia, error y herejía. Bajo las ruedas de la carroza están representados por animales los siete pecados capitales: el oso (la ira), el avestruz (la gula), el perro (la envidia), el pavo (la soberbia), el lobo (la avaricia), la cabra (la lujuria) y la tortuga (la pereza). La parte superior del fresco está representada la Iglesia Triunfante, presidida por la Trinidad.

Siguiente parada: La Sacristía. Construida en la primera mitad del siglo XVII. Sus formas arquitectónicas son un claro prototipo de los momentos finales del Renacimiento y de la introducción de las nuevas fórmulas barrocas. No tiene mucho más así que continuo con la visita.

Por último, lo más importante de todo el convento, su Iglesia. Posee un esquema clásico de lo que es la arquitectura dominica, es decir, planta de cruz latina con una sola nave que favorece la predicación, capillas laterales y capilla mayo profunda, y coro muy alto. Lo más impresionante es el Retablo del altar mayor que alberga.

Es del siglo XVII y constituye un formidable alarde del estilo barroco por lo fino de la talla y lo marcado de la decoración. Posee seis columnas salomónicas recubiertas de pámpanos y racimos que albergan en el centro un gran tabernáculo. Lo más destacable es el magnífico cuadro de Claudio Coello que representa El Martirio de San Esteban.

MERCADO CENTRAL

Una vez finalizada la visita, decidimos visitar el Mercado Central y así fichar posibles compras para el día siguiente. Nos chocamos con un puestecito (casualidades de la vida) en el cual te servían tapas de jamón ibérico de pata negra recién cortado y caldo hecho con los huesos de dicho manjar. Está claro lo que pasó, ¿no?.

Al principio, estaba plagado de chinos y no conseguíamos vislumbrar ningún pequeño rincón en cual meter cabeza, pero enseguida empezaron a moverse y nos aposentamos. No hay sabor inigualable a cada loncha que nos metíamos en la boca… Y el caldo riquísimo y calentito que entraba todavía mejor. Todo acompañado de dos buenas copas de vino. Recomendamos este pequeño oasis sin ninguna duda.

LA HOJA 21

Para despedir Salamanca como los grandes comensales que somos, decidimos darnos un homenaje en algún restaurante bonito y… ¿Por qué no decirlo?. ¡Pijo!. El escogido fue La Hoja 21. Lo vimos bastante asequible porque el menú tenía un precio de 14,90€ por comensal con pan y una bebida incluidos, así que no nos lo pensamos dos veces. Podéis entrar en su página accediendo desde aquí.

Es un restaurante precioso. Combinan la madera con colores verdes y blancos, en algunas paredes (e incluso en el techo) aparecen motivos de hojas a modo de insignia del local. Las mesas son simples pero bien conjuntadas con unas buenas sillas de comedor y, en algunas zonas como la nuestra, sofás. La vajilla perfectamente colocada y las lámparas colgantes de cristalitos una verdadera pasada. A modo de decoración, tienen (en lugar de cuadros) poemas encristalados de poetas ilustres (por lo menos en la zona donde nos sentaron).

En cuanto al servicio nos atendió un chico jovencito muy amable. Fue rápido, educado y eficaz. No nos faltó de nada y, como siempre nos pasa, se quedó impresionado ante nuestros platos vacíos. 😉

Como aquel día invitaba a comer yo y soy un poco caprichosa a la hora de probetear, incluí un entrante fuera de carta para compartir que me llamó mucho la atención. El escogido fue los Raviolis de Ibérico en su salsa. ¡Qué delicia!. Eran dos raviolis enormes, rellenos de una pasta de jamón y con salsita también con sabor a este protagonista. ¡Muy ricos!. Lástima que pongan las raciones con cuentagotas. El pan, aunque no se vea en la foto, es de estos que tienen la molla compacta y amplia recubiertos de una corteza gorda pero bien horneada. ¡Que bien mojaba por favor!.

A continuación, ya iban entrando los platos del menú. De primero escogí las Alcachofas con Jugo de Jamón. Me pirra esta verdura, para mí es la reina indiscutible de todas ellas y si, además, me la sirven con un caldito “gordo” de este calibre… ¡Muero del gusto!. ¡Estupendas!. Podría haber repetido dos o tres veces de esta misma opción.

Mi novio se pidió la Oreja Crujiente en Ensalada. La porción que le pusieron estaba riquísima y se deshacía en la boca de lo tierna que estaba. La ensalada solo se componía de canónigos y un buen chorreón de aceite crudo. No hay mucho más que decir. De sabor rico pero vi un plato demasiado simple.

Llegan los segundos. En mi caso, tomé Rollitos crujientes de Pato con salsa de Naranja. Me equivoqué completamente en mi elección. Estaban buenos pero no era nada del otro mundo… Bien fritos, se notaba bien el regusto a la carne y la salsa de naranja muy rica pero no me dijo nada en su conjunto. No los volvería a escoger.

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En cuanto a mi chico se pidió el Rabo Estofado con Patata Rota. Una carne muy gustosa y sabrosa. No recuerdo exactamente el sabor de la salsa pero sí que nos encantó ya que mojinqueamos con pan a más no poder. Lo que no me satisfació demasiado fue la patata ya que era un simple medio trozo de ésta hervido.

Por último, los postres. Solo podíamos elegir uno y habían dos opciones. ¡Mejor imposible!. El primero se titula Panacota con Frutos del Bosque. ¡Nos encantó!. Perfecta presentación con un caldito rojo en el fondo y sus frutos por encima. Bonito a la par que buenísimo. Su dueño era mi chico y quedó encantado 🙂 .

El segundo era para mí y recibe el nombre de Merengue con Frutas y Sorbete de Piña. No soy fan de postres fríos (contradicción en toda regla, pero me gusta comérmelos recién hechos, no dejo que se enfríen… como máximo que templen) por lo que el sorbete lo aparté hasta que se deshizo un poco para integrarlo con el resto del plato. La fruta eran trozos de fresas y piña que mezclé con las dos bolas de merengue que tenía implantadas. ¡Por Dios Santo… Qué ricura!. Súper dulce pero sin llegar a ser empalagoso. Jamás había probado un merengue tan bueno, blandito y de textura tan cremosa… ¡Mmmmm!. Si me lo imagino aún puedo saborearlo.

Salimos muy encantados del lugar, aunque he de decir que las raciones son demasiado pequeñas para mi gusto. Aún así, volvería a repetir. Le pongo un 7.

A estas horas, mi novio y yo (sobre todo la que viste y calza… me gusta más la posición horizontal que a un tonto un lápiz) ya no nos tenemos en pie por lo que, al igual que hicimos durante todo el viaje y como manda la tradición española… ¡Siesta!. Y fue tan sumamente larga que la noche volvió a cubrir el cielo. Eso sí, la lluvia aún seguía dándonos caña.

LA TAHONA DE LA ABUELA

A pesar de que el agua caía cual diluvio, no podíamos terminar nuestra aventura sin despedirnos de nuestros queridos amigos de La Tahona de la Abuela. ¡Hubiera sido de mala educación!. Con nuestro paraguas recién comprado, los impermeables y las ganas de disfrutar nuestra última cena, pusimos rumbo hacia la Plaza Mayor (podéis verla con más detenimiento en mi segundo y tercer post sobre este viaje).

En esta ocasión, pedimos nuestras últimas tres tapas (…Ains… ¡Qué penita!…). Nos las sirvieron todas a la vez y mi novio tenía más hambre que el perro de un ciego así que no me dejó hacer demasiadas fotos de los platos de forma individual por lo que nos tenemos que conformar con lo que hay…

Comenzamos con “Esos Andares”. Se trata de manitas de cerdo acompañadas de cococha en salsa verde y jamón de bellota. Suena bien, ¿verdad?. Pues fue el único “error” que puedo decir que tienen en la carta. A nosotros no nos gustó demasiado la mezcla de esa parte del cerdo junto con pescado. También pienso que un plato como aquel para cenar resulta demasiado pesado pero tenía ansias de probarlo y descubrí que no fue la elección de la noche.

Seguimos con “Homenaje a Sergi Arola” el cual consiste en patatas bravas 3 salsas con espuma de alioli. ¡Que ricas!. Lo más curioso es que introducían las salsas en el interior de las patatas haciéndoles un agujero central y, para distinguirlas, colocaban un brote diferente encima de cada una de ellas, sobre la espuma. ¡Repetía seguro!.

Para finalizar, “Por la Puerta Grande”. Es una hamburguesa de rabo de toro. ¡Impresionante!. La carne jugosísima, la habían condimentado con salsa y berros y el pan que la envolvía era artesanal. ¡Estaba buenísimo!. ¡Mmmmm!. Me hubiera comido mil 😉 .

Una vez acabamos de cenar, nos despedimos de los camareros y nos dirigimos al hotel. El día siguiente amaneció con niebla, el tiempo estaba triste como nosotros. Era momento de hacer maletas, comprar regalos y volver a la carretera.

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He de decir que fue un viaje que jamás olvidaré. Disfrutamos del casco antiguo de Salamanca, descansamos, comimos como reyes pero lo importante no fue eso, sino el pasar unos días seguidos, sin despedidas, con mi chico. En esta ocasión, no nos pasó ninguna anécdota graciosa digna de recordar, pero siempre nos quedará el candado que atamos al pozo ubicado en el Huerto de Calixto y Melibea  ♥ (lo recordaréis pinchando aquí).

Fin. Salamanca, solo decirte que gracias por ser tan bonita, regalarnos unos días tan buenos y por acogernos como lo hiciste. Espero volver a visitarte y descubrirte un poco más. A vosotros, mis lectores, ¿qué puedo decir que no os haya escrito ya?. Me siento muy afortunada de que dediquéis 5 minutos (en estos dos últimos post quizás han sido un pelín más…) a darme una visita, leer, comentar e, incluso, compartir. ¡Espero que este viaje os haya gustado y resultado interesante!.

 ¿Habéis encontrado cigüeñas?

¿Alguna sugerencia para futuros post de esta categoría?

¿Próximo destino?. Ni idea. ¿Cuándo?. Menos aún. Pero si no queréis perdéroslo únicamente tenéis que seguirme a través de mis redes sociales o suscribiéndoos al blog. Para ello, pinchad en menú e introducid vuestro correo electrónico. A continuación, os llegara un email pidiendo vuestra confirmación (click en el link que os adjunte). Y… ¡Ya está!

¡Nos leemos próximamente!

¡Mil gracias por estar ahí!

¡Un besito!

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