SALAMANCA: DÍA 3

¡Hola!

¡A buenas horas, mangas verdes!. Sí, lo sé, este post llega con retraso pero… ¡Mejor tarde que nunca!. ¿No?. Hace ya un mes aproximadamente que subí la última entrada de este viaje tan especial que hice con mi chico (podéis verla aquí), pero aún me quedan dos días más que contar (el quinto lo omito ya que no vimos ni hicimos nada especial, solo compras y regalos para llevar a casa).

Mi idea, en un principio, era englobar ambos días para no alargar más mis aventuras por las tierras salmantinas, pero el tiempo me ha jugado una mala pasada y no voy a poder hacerlo así. Por ello, hoy os traigo la tercera entrega y este Viernes tendréis la cuarta. ¿Qué os parece?. De este modo, no prolongo más este viaje y puedo realizar dos entradas de buen contenido y no mediocres a causa de querer restringir lo máximo posible para que no se os haga demasiado pesado.

¿Estáis preparados?

¡Pues a seguir leyendo!

El tercer día dio bastante de sí. No es que viéramos muchísimas cosas como en el anterior pero nos dejamos algunos monumentos importantes para poder seguir disfrutando de nuestra estancia. Como no queríamos perder ni un segundo, nos pusimos en marcha rápidamente. Pero no sin desayunar y… ¿Qué hubiera sido de nosotros sin un buen bocadillo de jamón ibérico?.

LA CLERECÍA Y UNIVERSIDAD PONTIFICIA

Para que nos entendamos, La Clerecía es un conjunto grandioso que engloba la Iglesia (que veremos más adelante) y la actual Universidad Pontificia, perteneciente a la orden de los jesuitas. Construida entre los siglos XVII y XVIII por lo que es de estilo barroco.

Nosotros compramos una entrada (no recuerdo el precio) que incluía varias visitas dentro de este monumento. Mientras esperábamos a que llegara la guía, tuvimos tiempo para iniciar la subida a través de la Scala Coeli (significa “escalera al cielo”). Gracias a ella, observamos Salamanca desde arriba obteniendo unas vistas preciosas.

Pero no sólo eso, he de explicar que hasta hace relativamente poco (desde la primavera del 2012), esta visita no se realizaba por lo que fuimos afortunados de ir unos años después. Pudimos ver y conocer detalles constructivos y estructurales de La Clerecía que hasta entonces habían permanecido ocultos al público, además de poder recorrer sus estancias y torres disfrutando del paisaje.

He de explicar con antelación que de la universidad solo contemplamos una parte de toda su extensión ya que se compone de varios edificios. En mi caso, os enseñaré lo que nosotros vimos y disfrutamos. Una vez bajamos la “Scala Coeli”, nuestra guía nos esperaba así que la seguimos cuales ovejas a su pastor.

Lo primero que nos mostró fue una sala cuya protagonista es la escalera. Inspirada en la que hay en el Convento de San Esteban (hablaremos de él el jueves) y, al igual que en éste, sus rampas colgantes se apoyan sobre arcos rebajados. En las paredes, podemos ver una especie de símbolos llamados vítores. ¿Qué son?. Pues básicamente es el reconocimiento por el esfuerzo realizado intelectualmente ya que, junto a éstos, aparecen los nombres de los obispos que estudiaron allí y su ámbito de estudio (y el año en el que lo acabaron).

A día de hoy, esta tradición se conserva y los alumnos que obtienen sus doctorados en la Universidad de Salamanca, tienen opción a su vítor. Estos grabados se pintaban con sangre de toro. En la actualidad utilizan una mezcla de aceite, arcilla y pimentón. Por ello, la escalera recibe el nombre de La Escalera del Honor.

A continuación, llegamos al espacio donde los estudiantes (porque allí también se da clase) salen a almorzar. Se llama el Patio de los Estudios y es más parecido a un patio de un palacio real que al claustro de un edificio religioso. Es barroco y muy interesante por su arquitectura ya que está formado por unas columnas enormes junto con arcos en la planta baja y balcones coronados con ventanas pequeñas y circulares en la primera. ¡Todo muy impresionante!. A modo de curiosidad, la guía nos explicó que esta zona también la utilizan a día de hoy como “sala de conciertos” ya que posee una acústica excepcional.

De aquí nos dirigimos hacia el Aula Magna la cual fue inaugurada por los jesuitas en el siglo XVII. Era el salón destinado a las disputas públicas y solemnes sobre Teología. Nos encontramos ante una estancia cuya protagonista es su preciosa bóveda. En ella, hay muchos detalles de carácter histórico dignos de revelar. Pero si me pongo a contaros, no acabo hasta el mes que viene… Con lo cual voy a omitir esta información la cual podéis encontrar pinchando aquí (os he puesto una página para aquellas mentes inquietas ávidas de conocimiento). Se trata de una arquitectura adornada en la que la combinación de las yeserías y la pintura es sublime.

En esta estancia también podemos observar la sillería tallada en madera que queda un poco “de lado” a causa de la fascinación que suele provocar la bóveda. Estos asientos son destinados a los profesores y a los doctores de otros centros universitarios de ciudad invitados a asistir a las conclusiones sobre Teología. A día de hoy, dicha aula se utiliza para celebrar actos tales como la inauguración del curso o las investiduras como “doctor honoris causa”.

Por último pasamos a contemplar la Iglesia con su magnífico RetabloEs una gigantesca arquitectura, ofreciendo en su lectura grandes valores arquitectónicos, escultóricos y teológicos. Lo que más me llamó la atención fueron los miles de racimos de uva que decoran las columnas. Una pena no haber podido sacar una foto con mayor detalle. Éstas dividen el retablo en tres calles. La central acoge tres grandes espacios rectangulares: el del Expositor abajo, el cuadro de Pentecostés al medio, y el cuadro de la Trinidad arribaLa Teología del Retablo Mayor es, sin duda, el mejor tesoro que la iglesia tiene.

No podía despedirme de la Universidad sin mostraros la fachada más emblemática que todos conocemos, aquella plateresca de poniente cuyo fino labrado se debe a la piedra de arenisca de Villamayor, muy maleable y que adquiere ese intenso tono dorado cuando el sol se pone. Sí, en la que hay que buscar la rana. Nosotros la encontramos… ¿Y tú?.

MUSEO DE AUTOMOCIÓN

Una vez la visita guiada terminó, salimos de allí con ganas de más. Mi niño es mecánico y, como tal, le apasionan los coches. Que casualidad que en Salamanca haya un sitio específico con una gran colección de este tipo de vehículos y algunos que no esperábamos. Aún era temprano para comer así que…¡Museo de la Automoción, allá vamos!.

Se encuentra a las afueras del casco antiguo, aún así relativamente cerca como casi todos los lugares de interés. Hay que pagar entrada pero creo recordar que salía más barata presentando el carnet de estudiante. Una vez atravesamos la zona de recepción nos encontramos ante una exposición de coches antiguos desde los más primitivos hasta los modernos, finalizando con una estancia en la cual podemos encontrar una mini exhibición de bicicletas. Os voy a mostrar los que más me llamaron la atención 😉 . No fui lo suficiente inteligente como para apuntar la marca del coche por lo que os pido disculpas… Aún así… ¡Amantes del motor, preparaos!.

LA RUA MAYOR

Una vez salimos del museo, el hambre hizo su aparición por lo que volvimos al centro del casco antiguo para llenar el buche. Buscábamos probar platos típicos de la zona por lo que entramos en un restaurante de tantos que había por allí. Escogimos La Rua Mayor por el menú de la entrada. Estaba bien de precio e incluía los platos que andábamos buscando bien diferenciados (o eso pensábamos).

Cuando llegamos, el lugar estaba vacío pero no tardó en llenarse. Su interior es bastante atrayente, la decoración bonita y todo bien limpio. No sé cómo explicarlo, pero es uno de esos sitios que sabes que la comida no va estar muy allá pero que tampoco va a estar horrible, que se lo van a currar un poquito aunque no cumpla mis expectativas (como dice mi hombre… ¡Soy una tiquismiquis!. Y lo sé… pero no puedo luchar contra mi “yo” y mi paladar). Las fotos hablan por sí solas.

De primero yo escogí unas “Patatas Meneás” también conocidas como “Patatas Revolconas”. Normalmente, tienen un sabor intenso al refrito que se hace primeramente de la panceta o la papada de cerdo ya que estas patatas son “revolcadas” en ese aceite, pero en mi caso ni sabor ni gusto. Sé de lo que hablo porque hace unos años visité Ávila con mi familia y, por casualidades de la vida, las caté.

El sabor de aquellas no era comparable con este falso plato. Era más bien como un puré de patata con pimentón con dos trocitos de panceta súper fina (a lo papel de fumar) por encima para darle el toque crujiente. Este plato aprueba porque, aunque no fuera lo que prometían, no estaba mal.

El segundo plato fue un “Revoltillo Charro”. También plato típico. Éste me gustó un poco más pero de haber sabido que llevaba más patatas, el primero hubiera sido otra opción… Aún así me lo acabé enterito porque estaba muy rico. Es muy simple, se basa en una mezcla de huevo, patatas y farinato. Éste último es un embutido tradicional de la zona muy especiado que sabe a una mezcla entre chirozo y anís. A mí me encantó, en cambio a mi hombre no le gustaba nada. ¡Mejor, más parte para mí!. 😉

En esta ocasión, también fotografié el de mi amado porque también era una plato típico pero no recuerdo el nombre 😦 . Personalmente, me recordaba a los torreznos pero menos fritos y, aún así, crujientes. Acompañados con patatas panaderas y una especie de salsa hecha con pimentón.

Luego vinieron los postres y la “dolorosa” que tampoco fue tanto. No recuerdo a cuánto estaba pero el precio del menú rondaba sobre los 11-12€ cada comensal con bebida incluída. No está mal el sitio pero no sé si volvería a repetir.

Han sido muchas emociones en una mañana. Nos retiramos al hotel a descansar y a reposar tanta patata.

LA SASTRERÍA DEL MERCADO

Para cuando quisimos volver a mover el esqueleto ya era de noche, nos pegamos tal siestorra que ya era la hora de cenar así que fuimos en busca de algún sitio nuevo. Nos encontramos con La Sastrería del Mercado. Un lugar bastante pequeño y minimalista, pero servían el tipo de comida que me gusta a mí.

Nos pedimos para picotear las Croquetas de Jamón junto con una copa de vino. ¡Qué ilusos nosotros!. Cuando vimos el plato nos quedamos “mudos”. Dos croquetas, sólo dos por 1,80€. Estaban ricas sí, pero un timo absoluto.

Nos llamó la atención la Bobina de Jamón Ibérico Blázquez. Nos esperábamos algo más original e innovador pero al final eran unas simples tostadas con jamón, aceite y tomate (todo casero). Bastante buenas, pero sin más. Costaron 2,80€.

Después vimos una Tortilla de Patata de medidas descomunales y me apeteció un trozo temiendo por el precio viendo el resultado anterior. Aún así, nos tiramos a la piscina y la pedimos. ¡Riquísima!. Me supo a gloria y sólo costó… ¡0,80€!. En aquel momento, quise darle una oportunidad al sitio. Lástima que no pudiéramos volver.

LA TAHONA DE LA ABUELA

Regresamos a nuestro sitio favorito de toda Salamanca para cenar: La Tahona de la Abuela. En esta ocasión escogimos cuatro tapas. La primera de ellas fue “No es ningún secreto” compuesta por carpaccio de presa, parmesano, helado de yogurt y falsa ciruela de foie. Cada bocado era una delicia, muy fino el plato y la combinación de ingredientes una pasada en el paladar. Muy recomendable.

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La segunda fue “Carnaby Street” la cual la describen como “Nuestro fish and chips con patatas de ajo y perejil y salsa tártara”. Odio el bacalao y quien me conoce lo sabe. Pues éste me lo comí más a gusto que un arbusto. Se me deshacía en la boca y nada de sabores intenso, era fresco y cocinado a la perfección. Las patatas crujientes y en su punto. La salsa era casera, no puedo decir más. Repetiría mil veces.

A continuación probamos “Un guiño a Madrid”. Un bocata de calamar con pico de gallo y alioli de cilantro. ¡IMPRESIONANTE!. Es una tapa vistosa y atrayente. El pan es de color negro ya que ha sido creado con tinta de calamar. Le da ese toque de distinción a un típico plato que conocemos en toda España. Originalidad en estado puro y de sabor una delicia. Hay que pedirlo sí o sí.

Por último, las Carrilleras Fussion hicieron su aparición. Son minicarrilleras en salsa hoisin y tupinambor acompañadas de cebollitas glaseadas. ¿Por qué las raciones no son más grandes?. Podría haberme zampado un kilo. A mi hombre le encantó. Otro plato que no podéis dejar escapar.

Con esto y un bizcocho (imaginario porque ya no nos cabía más entre pecho y espalda), nuestro tercer día queda finiquitado. Con el buche lleno, volvimos al hotel a disfrutar de un sueño reparador. Teníamos que coger fuerzas para disfrutar de nuestro penúltimo día en tierras ibéricas.

Espero que os haya gustado y no se os hiciera demasiado pesado. Como ya he dicho al principio de este post, el Viernes publicaré la cuarta y última entrega de este pedazo de viaje que quedará grabado en mi corazoncito por siempre jamás ♥.

¡Muchísimas gracias a todos por leerme, comentar, compartir y añadir una visita más a este pequeño gran espacio!. Los que habéis llegado hasta el final… ¡Sois unos campeones!. Solo decir que si no queréis perderos ninguna de mis publicaciones, debéis pinchar en la esquina superior derecha (donde pone menú) e introducir vuestro correo electrónico. A continuación, se os mandará un e-mail de confirmación en el cual debéis pinchar en el enlace que os diga para así poder suscribiros completamente.

¡Nos leemos el Viernes!

¡Un besito!

2 comentarios en “SALAMANCA: DÍA 3

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