SALAMANCA: DÍA 1

¡Buenos días!

Como bien sabéis (y si no… es muy raro porque soy muy pesada en Instagram), el pasado mes de Enero tuve el placer de descubrir Salamanca junto a mi amado. Estuvimos un total de 4 días por lo que eso os da una pista de que habrá un cuarteto dedicado a esta preciosa ciudad.

Voy a intentar resumir y hacer las entradas lo más amenas posibles ya que vimos muchísimas cosas en poco tiempo y tengo una cantidad indecente de fotos preciosas. Por ello, he pensado que os mostraré las más significativas para nosotros y lo que es indispensable visitar sí o sí. ¿Qué os parece?

Si os apetece “viajar” conmigo… ¡Seguid leyendo!

Para comenzar esta historia, primero os pongo en situación… Son las 7:45 de la mañana, tenemos sueño pero estamos muy ilusionados. Con el coche preparado y listo nos disponemos a entrar en la carretera dirección a tierras salamantinas. (Lo sabemos, nuestras caras son lo peor.. ¿Qué queréis?.. Cuando uno madruga…).

Después de unas 6 horas (con parada incluida), llegamos a nuestro destino. Es mediodía (las 14:30 para ser más exactos) y tenemos hambre, pero primero dejamos el equipaje en el hotel. Una vez llenamos los buches, nos echamos una siesta a lo grande. Cuando nos dimos cuenta, la oscuridad había cubierto Salamanca llenándola de luz artificial pero, aún así, igual de bonita. Decidimos que era el momento de inspeccionar el lugar, recorrer sus calles y perdernos para luego encontrarnos.

La primera parada fue en la majestuosa Plaza Mayor¡Que preciosidad!. Sin duda es obligatorio pasar y quedarse tantas veces como podáis. Posee montones de sitios donde parar a tomar unas tapas con cañita o copa de vino y el ambiente es bastante bueno. Es un lugar muy transitado y clave en Salamanca. Hay un dicho que dice “una imagen vale más que mil palabras” y yo… ¡Os traigo unas cuantas!.

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Continuamos nuestro paseo hacia la zona sud del casco antiguo, topándonos con el robusto Puente Romano. Bajo la luz de las estrellas, no se distingue con claridad lo caudaloso que es por lo que decidimos acercarnos más y explorarlo. Para ello, bajamos a través de unas escaleras que nos condujeron a la parte recubierta de césped por la cual podemos caminar sin problemas admirando el paisaje. La zona me pareció idónea para hacer deporte al aire libre, tanto para footing como para otras prácticas como yoga. No pude acercarme demasiado a la parte donde el río fluía a causa de que estaba encharcada y había mucho barro. Una pena…

Al avanzar llegamos a un paradero donde, si querías, se podía tocar el agua con los dedos. Esto no era lo más interesante, pero la vista que os voy a mostrar es de película.Yo me acerqué todo lo posible para captar la imagen que os muestro a continuación. Una Salamanca repleta de luz bajo el manto de una noche preciosa. Los reflejos nos dejaron con la boca abierta. También, fotografíe otro puente que no tiene nada de histórico pero me pareció precioso su reflejo en el río.

Llegados a este momento, el hambre comenzaba a hacer su aparición. No teníamos ni idea de dónde cenar ni qué sitios serían mejores o peores ya que no habíamos investigado sobre ello, por lo que fuimos a la aventura. Regresamos a la Plaza Mayor porque había multitud de opciones. De repente, mi príncipe azul tuvo un pálpito y señaló un pequeño local. Se llamaba La Tahona de la Abuela. No sabíamos que, a partir de entonces, nuestros paladares iban a gozar de un modo muy diferente al que imaginábamos. Como he señalado antes, el sitio no disponía de un gran espacio para la zona picoteo pero aún así nos pareció encantador. Todo blanco y muy limpio, la perfección rezumaba por aquellas paredes.

Las mesas eran altas al igual que sus sillas y, en el interior, poseía un comedor exclusivo para clientes que, a mi parecer, iban a disfrutar de un gran festín a la carta. Nosotros sólo queríamos degustar sus tapas por lo que nos quedamos en esta parte. Todo era sencillo pero minimalista, detalles bien cuidados y una pantalla plana donde te muestran cada una de sus tapas más emblemáticas y su elaboración. Esta idea me parece innovadora y muy útil para los turistas, así podemos visualizar el plato antes de pedirlo. Para entender de qué os estoy hablando, os dejo aquí su página web. Si entráis en el apartado de “Restaurante” comprobaréis vosotros mismos a lo que estoy haciendo referencia. Tienen otros establecimientos como panadería y cafetería, pero nosotros sólo buscábamos sus tapas.

En cuanto al servicio, son muy eficaces tanto en atención como en bravura a la hora de servir los platos. Te asesoran de forma infalible, además de darte datos sobre que hay o no que comer en Salamanca, cosa que siempre se agradece cuando es la primera vez que pisas dichas tierras. ¡Un 10 para sus camareros porque son majísimos!.

En esta ocasión (porque os anticipo que de este sitio hay muchas más), nos pedimos cuatro tapas. Comenzamos con las Croquetas de la Abuela. Habían 8 en total, no eran muy grandes pero tampoco minúsculas. El rebozado casero, no aceitosas y se nota que estaban recién hechas. El interior creo recordar que era bechamel, queso y jamón serrano (¿cómo no?). “No hay nada más que decir” como explica su descripción. ¡Impresionantes!. Las recomiendo encarecidamente.

Seguimos con el Oro de 24K. ¿Qué es esto? (os preguntaréis), pues es un turrón de foie con salsa de lichis y violetas acompañado de unas crujientes tostas de pasas y nueces. ¡Pa’ morirse del gusto allí mismo!. ¡Qué rico por favor!. A los enamorados de este tipo de producto os va a encantar. No se aprecia mucho en la imagen pero, alrededor del lingote, hay como unas gotitas transparentes y de color lila que son las salsas dichas anteriormente. A la hora de coger la tosta y expandir el cremoso foie, hay que tomar un poquito de alguno de los néctares para lograr una combinación entre dulce y salado que la hace inigualable. Es un sabor peculiar y muy acertado.

A continuación os muestro “los platos fuertes” por así decirlo. También son tapas pero me resultaron más consistentes. Parafraseando a Karlos Arguiñano: “con fundamento”. La primera en ser presentada es el Picadillo de Tejares. Consiste en un pan redondo (“de la abuela”) que desmigan y cortan el principio de éste a modo de tapadera. Después, lo rellenan de un guiso de carne exquisito que acompañan con un huevo a baja temperatura (no recuerdo si era hervido o frito) cuya yema está en el punto perfecto para que, al pinchar sobre ella, el líquido del interior salga y se mezcle con el guiso, dando lugar a un bocado que me extasió. ¡Qué delicia!. Os pido disculpas por no haber sacado una foto más reveladora…

He dejado la explicación de esta tapa para el final ya que, de todas las que probé (tanto aquel día como los venideros), fue la que me dejó sin palabras. No lloré de milagro. Sin más dilación, os presento al Arroz del Mar. Se compone de arroz en salsa verde cubierto con carpaccio de pulpo y condimentado con alioli de azafrán. Todo ello regado con el líquido dorado más preciado español: un chorreón de aceite de oliva. ¿Qué opinión me merece? Pues es tan fácil como un absoluto y rotundo sobresaliente. El arroz en su punto, la salsa verde perfecta sin ahogar el arroz pero tampoco haciéndolo pastoso, el pulpo tan fino que se deshace al mezclarlo con el resto de ingredientes, y el alioli toda una revelación dando el punto de chispa al resto del plato. ¡Inmejorable!.

Toda la cena estuvo acompañada de un par de cervezas bien frías. Una vez terminamos más que satisfechos, decidimos regresar al hotel a descansar ya que debíamos reponer fuerzas para lo que nos esperaba al día siguiente.

Salamantinos… ¿Habíais probado este sitio?

Y aquí termina la entrega de hoy. Sé que no os he mostrado muchos lugares interesantes pero no nos dio para mucho más. Aún así, espero que os haya gustado y se os haya hecho ameno.

Muchísimas gracias a todas aquellas personas que se dejan caer por este espacio y aguantan hasta el final leyendo (sé que, a veces, mis dedos no paran de teclear letras y mis textos parecen interminables). Agradecer también los comentarios ya que siempre ayudan a saber si estoy o no haciendo las cosas bien. Y que compartáis es un gozo para mí, aunque yo con el simple hecho de que entréis ya estoy más que satisfecha con mi trabajo. Por todo esto: ¡MIL GRACIAS!

¡Nos vemos en la próxima entrega!

¡Qué tengáis una semana muy bonita!

¡Besitos!

3 comentarios en “SALAMANCA: DÍA 1

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